Lección 4. Juan: Jesucristo, la revelación de Dios

Descargar lección en PDF
Introducción

El Evangelio de Juan es notablemente diferente de los evangelios sinópticos, sin embargo, no cabe duda de que se trata del mismo Personaje y del mismo mensaje.

Algunos de los acontecimientos de la vida de Jesús son idénticos, sobre todo los que tienen que ver con la crucifixión y la resurrección; pero hay muchos datos y detalles de la vida y del ministerio de Jesús que son relatados solamente por Juan.

También el estilo de Juan es diferente: el vocabulario es más reducido, la gramática más sencilla, las oraciones gramaticales más cortas y la expresión más directa y personal. Estos rasgos estilísticos han hecho que el Evangelio de Juan sea el más conocido y muchas veces el Evangelio preferido.

La diferencia se explica por el propósito del autor. Cuando Juan escribió su Evangelio, ya eran bien conocidos los evangelios sinópticos. Los grandes grupos de población ya tenían el evangelio que concernía a sus intereses particulares: Mateo para los judíos, Marcos para los romanos, y Lucas para los griegos.

Parece que los evangelios sinópticos fueron escritos para quienes no conocían bien a Jesús ni su mensaje, para «simpatizantes» o nuevos creyentes, y con el fin de comunicar a su respectivo público los datos esenciales del Evangelio. Podemos decir que los evangelios sinópticos son, en un sentido, más «evangelísticos».

El Evangelio de Juan se relaciona más con los cristianos que quieren profundizar más sus conocimientos del Salvador. También se advierte una nota «apologética», o sea, una defensa en contra de los conceptos equivocados sobre la persona y la obra de Jesucristo.

Por lo dicho arriba podemos concluir que el Evangelio de Juan es el más cristológico. No solamente nos presenta a Jesús el Mesías, con toda Su autoridad de gran Maestro, sino que también nos da una doctrina de Cristo. No solamente vemos a Cristo, sino también vemos la verdad de Cristo. Este aspecto doctrinal es quizá el elemento más sobresaliente del Evangelio de Juan. Es este elemento el que queremos acentuar con el encabezado que hemos puesto al libro: «Jesucristo, la revelación de Dios.»

Juan mismo respalda nuestra afirmación. En 20:30-31 habla de la razón para consignar lo que está incluido en el libro. Esta razón es la de fortalecer la fe del lector. Hallamos información sobre Cristo no solamente para darnos más detalles, sino para que esa información esté en función de la enseñanza, o sea, de la doctrina. Es información selecta para hacer una Cristología. (Vale la pena distinguir aquí entre el tema y el propósito del libro. Están muy relacionados, pero no son idénticos.)

La idea de que Jesús es la revelación de Dios se encuentra en muchas maneras y en muchos lugares en el libro.

El hecho de empezar llamando al Salvador el LOGOS, el Verbo, lleva la atención hacia esta idea. También el que los «Yo soy» se hallen en este libro, apoya la idea. Hay una serie de textos en que se dice de Jesús (y El mismo lo dice) que Él es quien da a conocer a Dios. (De esto veremos más en el prólogo del libro.)

Dividimos el libro en dos partes:

  1. La primera trata del ministerio público de Jesús, «Cristo, la revelación de Dios al mundo», abarca los capítulos del 1 al 12;
  2. La segunda parte trata del ministerio privado de Jesús, «Cristo, la revelación de Dios a los Suyos», abarca los capítulos 13 al 21.

El tema del libro está presentado en un prólogo, algo que, en referencia a los evangelios, es estilística y estructuralmente distinto. Estudiaremos primero el Prólogo y luego las dos divisiones.

El prólogo (1:1-18)

El prólogo del Evangelio de Juan es tan notable que se han escrito libros enteros sobre él. El último versículo es la declaración del tema de todo el libro, sobre todo en las últimas palabras: «él (Jesús) le ha dado a conocer». La vida eterna es presentada más tarde (17:3) como conocer a Dios. Jesús ofrece vida eterna porque Él ha dado a conocer a Dios.

1) el Verbo.

2) la vida;

3) la luz; y

4) el Hijo

La primera y la última acentúan su relación con el Padre; las dos de en medio hacen énfasis sobre su relación con el hombre.

El ministerio público de Cristo. Jesús: la revelación de dios al mundo (1:19 a 12:50)

El ministerio público de Jesús empieza, según Juan, con el testimonio (público) de Juan el Bautista. Se nota que Juan, el evangelista, distingue cuidadosamente entre el precursor y el Mesías, entre Juan el Bautista y Jesús. «Yo no soy -dice Juan el Bautista. Yo solamente bautizo con agua; el otro, el verdadero, éste bautiza con el Espíritu Santo; éste es el Hijo de Dios.» Luego Jesús llama a Sus discípulos y con ellos se lanza a Su ministerio.

Ahora el énfasis no está sobre la actividad de Jesús en la sinagoga, ni tampoco sobre Su predicación (o proclamación), sino sobre «las señales». En el versículo 11 del capítulo 2 leemos que el cambiar el agua en vino en las bodas de Caná, fue el «principio de señales».

Cosa interesante e ilustrativa es que Juan emplea, por costumbre, la palabra «señal» para hablar de lo que nosotros llamamos «milagro». Para Juan los milagros eran testimonios de la identidad de Cristo, testimonio público en cuanto a Quién era.

Nicodemo quedó impresionado por las señales (3:2), como muchos otros (2:23), y fue a ver a Jesús. Juan hace un reportaje del acontecimiento y lo usa para desarrollar su Cristología. Hace lo mismo con una entrevista con Juan el Bautista, y con el encuentro de la mujer samaritana de Sicar, en el pozo de Jacob. Dos días después Jesús sana al hijo de un noble, y Juan dice que ésta fue la segunda señal que hizo Jesús 84:54).

Notamos que estilísticamente en el capítulo 5 hay un cambio. La fórmula «después de estas cosas» y el cambio de lugar (hasta Jerusalén), nos hacen ver que hay un nuevo paso en el ministerio público de Jesús. En esta segunda parte de la primera división el énfasis está sobre el conflicto con los judíos. Sigue Jesús en Su ministerio público, pero ya no en función de identificación, sino en la función de oposición.

Los judíos aprovecharon el hecho de que Jesús curó a un paralítico en Sábado para presentarle oposición (5:10). Su odio fue tan grande por eso que procuraban matarle (5:16). Es una reacción desproporcionada; el conflicto es más bien cósmico y no solamente local. Por revelarse como el Hijo de Dios, por manifestar que El es la pública manifestación de Dios, los judíos más aún lo querían matar, por haberse hecho igual a Dios (5:18).

Cuando el mismo Jesús elabora Su Cristología, le hacen preguntas capciosas, nacidas del deseo de no creer, (6:28,30) y murmuran de El (6:41) y expresan su incredulidad (6:52). Desde entonces, muchos de los discípulos (no se habla aquí de «los doce») se volvieron atrás y ya no anduvieron con El (6:66).

El conflicto llega a ser de tal grado, que hubo división entre ellos (7:43) y algunos querían prenderle. Solamente porque no había llegado la hora (8:20) nadie pudo prenderle. Las palabras de Jesús no son muy conciliadoras, pues les llama «hijos del diablo» (8:44). Cada señal (milagro) y cada discurso de Cristología parece inflamar más a los enemigos, y hasta quisieron cometer la tontería de matar a Lázaro, porque Jesús lo había resucitado (12:9-10). Por supuesto, seguían en su propósito de matar a Jesús (11:33).

El ministerio público de Jesús termina con Su entrada en Jerusalén. Jesús anuncia Su muerte, y Juan muestra que la incredulidad de los judíos fue profetizada (12:37-43). Acaba la sección con un pequeño discurso de Jesús. «Jesús clama», dice Juan, haciendo resaltar lo público de la proclamación. Jesús resume Su mensaje, que El es luz, la Revelación de Dios, y habla como el Padre le había dicho.

El ministerio privado de Jesús. La revelación de Dios a los suyos (13:1 a 21:25)

Todo el ambiente de la última parte del Evangelio de Juan es más íntimo, más privado. Desde el inicio de la sección, -con el ejemplo de humildad que les da Jesús, hasta el final, cuando Jesús habla a Pedro en el círculo íntimo de los discípulos-, el énfasis está sobre la relación de Jesús con los Suyos.

Esta sección tiene dos partes: la primera, alrededor de la mesa en el aposento alto, cuando Jesús habla íntimamente con Sus discípulos, y la segunda, en torno de la crucifixión y la resurrección, cuando Jesús también habla íntimamente con ellos. Pero en toda esta sección Jesús es la Revelación de Dios para los Suyos.

La primera parte de esta sección se presenta como una reunión de sobremesa. Tal vez fuera mejor decir que es una serie conectada de discursos entrelazados, que termina con una ferviente y sincera oración.

En estas páginas encontramos algunas de las más sublimes enseñanzas de Jesús, y la más profunda Cristología. Aquí encontramos algunos de los pasajes de las Escrituras que son los más conocidos entre los cristianos.

En estas pláticas descubrimos las más hondas enseñanzas sobre el Espíritu Santo, sobre el mismo Jesús y sobre el deber del discípulo. La parte de las enseñanzas termina con uno de los capítulos más excelsos de toda la Biblia: la oración del Señor por los Suyos, en el capítulo 17. También hay libros enteros escritos sobre este capítulo.

Luego vemos el arresto y el juicio de Jesús, Su condena, la crucifixión y el sepelio. Juan nos hace ver que el mismo Nicodemo, que vino a Jesús de noche, por el testimonio de Sus señales, pidió el permiso para llevar el cuerpo de Jesús.

Después de relatar la resurrección, Juan presenta una señal más. Es una señal para los discípulos y se relaciona con su tarea: es el milagro de los peces. Pedro es reestablecido entre los apóstoles y su tarea (y la de todos los discípulos) queda especificada.

Juan concluye diciendo que lo que ha escrito es solo una pequeña parte del testimonio dejado por Jesús. Al meditar en estas cosas el ancianito Juan expresa su admiración diciendo que si se escribiera todo, no cabrían los libros en el mundo. Hipérbole, quizás; pero no por mucho.

La LECTURA NECESARIA para la clase de la próxima semana es la de LOS PRIMEROS DOCE CAPITULOS del Libro de HECHOS DE LOS APOSTOLES.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *