5. Los Hechos de los Apóstoles: La internacionalización del pueblo de Dios. (I)

Descargar lección en PDF

Introducción

Se ha dicho con frecuencia que el libro «Hechos de los Apóstoles» no debería llevar ese nombre. La verdad es que en él se menciona solamente a una fracción del grupo apostólico, y que muchos de los que no son apóstoles reciben gran atención.

A menudo se ha sugerido que un mejor título sería «Los Hechos del Espíritu Santo»; pero, a pesar de lo obviamente correcto del título sugerido, éste dejaría la impresión de que los otros libros de la Biblia no lo son.  

Tal vez pudiéramos aceptar por título «El Evangelio de Lucas, Tomo II». Este título tendría una doble ventaja: ligaría al libro con su autor, y haría hincapié sobre el hecho de que lo que está aquí escrito es también «evangelio».

Lucas mismo, en el prólogo, llama la atención del lector al hecho de que este libro es una continuación. Por eso nos conviene recordar algunos datos de la vida y persona de Lucas.

Lucas, por ejemplo, es universitario y escribe al «licenciado» Teófilo. Dice que lo que escribe es el resultado de una investigación, la cual fue perfectamente capaz de realizar por su preparación académica. Está asociado y es amigo íntimo de Pablo. Durante sus viajes con Pablo y en sus investigaciones, es seguro que conoció personalmente a muchos de los otros apóstoles y a muchos de los grandes personajes de la iglesia primitiva.

En un sentido, es necesario que se hagan dos lecturas simultáneas del Libro de Hechos. La razón es que tenemos que sacar de él su concepto de iglesia y, por otro lado, tenemos qué leerlo a la luz de ese concepto de iglesia.

Después de todo, el libro de Hechos trata de la Iglesia; es su tema principal (aunque en el título que hemos puesto arriba la hayamos llamado «Pueblo de Dios», para acentuar la idea de que la Iglesia es el Pueblo de Dios).

Se ha dicho frecuentemente que la Iglesia nació en Pentecostés. Pero todo lo que sabemos de Pentecostés lo sabemos por Lucas y su libro, y de lo que Lucas nos dice de Pentecostés no podemos sacar esto de que Pentecostés sea el día del nacimiento de la Iglesia. (Tampoco de ninguna otra parte de la Biblia.)

Es todo lo contrario: se presenta a la Iglesia como ya existente, y como que continúa su existencia en una nueva forma, en la época novotestamentaria. Que la Iglesia no empezó en el Pentecostés se ve en Hechos 7:38, donde Esteban habla de la Iglesia en el desierto. (Algunas de nuestras versiones dicen «congregación», pero la palabra en griego es «ekklesia«= iglesia.)

Ahora bien, lo que vemos en el libro de Hechos es una nueva y ya profetizada manifestación del antiguo pueblo de Dios. Se puede hablar del comienzo de la Iglesia solamente en el sentido de un ser que no debe su existencia a su nacimiento.

La Iglesia, como todo ser, existía ya mucho antes de su nacimiento, pero en otra forma, en otro modo de existir.

Sin embargo, a pesar de todo esto, tenemos que ser enfáticos en afirmar que la Iglesia empezó con los primeros creyentes en el Mesías (Cristo): Daniel, Ruth, Esther, Baruc. Dios no tiene dos pueblos, y esta verdad es el tema principal del discurso que Esteban pronunció antes de morir martirizado.

Si el tema del libro es «La Internacionalización del Pueblo de Dios», podemos notar que el proceso se divide en dos fases o etapas: preparación y efectuación. También podemos expresarlo así: orientación y realización. Pero éstas son etapas o fases de un mismo proceso

El proceso tiene dos focos: Jerusalén y Roma; son dos polos, y vamos del uno al otro, desde lo más regional hasta lo más universal. Los primeros doce capítulos del libro corresponden a la primera fase; los últimos dieciséis a la segunda. Estudiaremos la primera etapa hoy; los capítulos del 1 al 12.

La internacionalización del Pueblo de Dios. Su preparación u orientación

Ni la Iglesia ni el mundo, por sí mismos, podrían realizar la internacionalización del pueblo de Dios. Dios Mismo lo tiene qué hacer, y El Mismo prepara a la Iglesia para cumplir con su tarea, y los primeros doce capítulos de Hechos son la historia de esta orientación.

Organizaremos el estudio alrededor de los pasos de esta preparación.

(1) La Iglesia aprende a guiarse por la Palabra escrita. (Cap. 1). Después del párrafo característico de Lucas, y de todo escritor griego, en que establece la relación con su primer escrito, el libro nos da los detalles de la ascensión de Jesús. Este perícopa termina con una pregunta retórica: los ángeles preguntan por qué los discípulos están mirando al cielo.

Deben de saber que tienen trabajo qué hacer, y que tienen que cumplir con él antes de que regrese el Señor.

Ya no está físicamente con ellos su Maestro, y los discípulos tienen qué echar mano de otros recursos. Se juntan, ciento veinte de ellos, para la oración y el sostén mutuo. Seguramente estudiaron la Biblia, porque hicieron referencia a ella.

Además, reconocieron la presencia del Espíritu Santo en ella (Vers. 16). Aunque el asunto en sí no era muy importante, lo que aprendieron fue algo trascendente: aprendieron a andar por las enseñanzas de la Biblia. Cuando estuvieron convencidos de las enseñanzas bíblicas, actuaron a base de sus convicciones. Ojalá que la Iglesia nunca se olvide de esta lección.

(2) La Iglesia recibe la dinámica para cumplir con su tarea. (2:1 a 3:10). No podemos hacer ahora una exposición de la importancia del día de Pentecostés. Es un pasaje muy conocido y profundo. Hoy podemos notar solamente algunos rasgos sobresalientes y observarlos en su relación con el libro entero.

Estos rasgos son: Pentecostés es presentado en términos del cumplimiento, tanto del significado del día como de la profecía; los símbolos especiales tienen que ver con comunicar, hablar y oír (debemos recordar que el milagro más grande no fue el de hablar en lenguas, sino el de oír y entender), y el acontecimiento se interpreta a la luz de la Palabra escrita.

En Pentecostés la Iglesia es capacitada para cumplir su misión de predicar el Evangelio a toda criatura, a todas las naciones. La historia de la curación del cojo confirma esto. Es una confirmación del poder que la Iglesia tiene, primero para la Iglesia misma, y luego para el mundo. Solamente en el nombre de Jesús tiene poder la Iglesia, y en ese nombre sí lo tiene.

(3) La Iglesia es bendecida con la persecución. (3:11 a 8:3). El texto más ilustrativo de esta sección es 4:29. Los cristianos primitivos no pidieron que se acabara la persecución, sino que tuvieran la valentía de hablar en las ocasiones que la persecución les proveía.

Vemos que los discípulos son encarcelados, llevados a juicio, amenazados, pero nada puede callarlos. Hay problemas dentro de la Iglesia misma (Satanás persigue también desde adentro), pero aún esto resulta para el bien de la iglesia (5:11).

El problema de las murmuraciones en la Iglesia, un problema que pudiera haberle hecho enorme daño, provoca la elección de los diáconos (aunque aquí no se les llama «diáconos»).

Estos diáconos se encargan de la administración de los asuntos materiales de la Iglesia, para que los predicadores puedan concentrarse en cumplir con la tarea espiritual de la Iglesia.

Desde este tiempo la Iglesia tiene un ministerio especializado en «el ministerio de la Palabra» (6:4). Es seguro que Satanás creaba el problema en la Iglesia; otro ejemplo de la persecución desde adentro es el de Ananías y Safira; pero Dios lo cambió en bendición para la Iglesia.

Este paso, el de tener un ministerio especializado en la Palabra dio resultado (6:7). Es necesario que debamos meditar en esto.

Dios ya tiene escogido Su instrumento para continuar el proceso de internacionalización. Es Pablo, y ahora es tiempo de anunciárselo. En el capítulo 9 encontramos la historia del llamamiento de Pablo (su conversión fue un mero corolario de su llamamiento).

Pablo mismo siempre se refiere a esta experiencia como su llamamiento. Es seguro que Pablo nunca dio lo que algunos evangelistas llaman «el primer paso». Dios hará uso de Pablo; éste será una de las grandes bendiciones de la Iglesia.

La siguiente parte de esta sección tiene qué ver con una revelación especial a la Iglesia, para impresionarla con su tarea y con los propósitos de Dios. Es la historia de Pedro y de Cornelio. (Cornelio no tiene ni una gota de sangre judía; es romano e italiano.) La historia se relata dos veces. Este es un dato muy significativo si se considera la dificultad de hacer y conseguir escritos en aquella época.

La primera vez nos la cuenta Lucas, y la segunda la escuchamos de labios de Pedro mismo, cuando éste la cuenta a la iglesia de Jerusalén. Es que el acontecimiento es de suma importancia, de importancia trascendental. Sin esta revelación especial, esta pedagogía particular, es dudoso que la Iglesia hubiera aprendido.

La parte final de la sección habla de la vida en la Iglesia, ya internacional, pues hay una congregación en Antioquía. Como no era la intención de los cristianos establecer una iglesia allí, entonces Dios lo hizo.

Todavía se hablaba del Evangelio solamente a los judíos (11:19); pero algunos varones de Chipre y de Cirene se lo comunicaron también a los griegos. Gran número de ellos creyeron y formaron una iglesia en Antioquía, donde más tarde va a iniciarse toda la obra misionera de la Iglesia.

Durante este tiempo Dios está con Su pueblo también en Jerusalén. La persecución continúa; Jacobo es muerto, pero Pedro es librado de la cárcel. El poder de Dios está con la Iglesia. La iglesia encuentra difícil creerlo, y no quiere abrir la puerta a Pedro, pero ve la mano de Dios sobre Herodes, y sabe que los propósitos de Dios se están realizando. La Iglesia es testigo de esto. ¡Y hoy día también!

NOTA:

Para el estudio de la próxima semana se deben leer los capítulos del 13 al 28 de Hechos. ¡Es una lectura muy apasionante!

6. Los Hechos de los Apóstoles: La internacionalización del pueblo de Dios. (II)

Descargar lección en PDF

Introducción

Hace quince días empezamos nuestro estudio del libro de HECHOS notando cómo Dios rompió el aislamiento judío de la Iglesia, para hacer de ella una Iglesia verdaderamente universal y católica. En la parte que estudiamos en la clase pasada Dios apenas nulificó este aislamiento.

Lo que vimos fue solamente la preparación, la orientación para el proceso de la internacionalización del Pueblo de Dios.

En la lección de hoy queremos ver la realización, o efectuación, de este proceso.

Recordemos que las divisiones del tema corresponden a las secciones que hemos encontrado en el libro mismo.

  • La 1ª parte corresponde a la preparación se consigna en los primeros doce capítulos, del 1 al 12.
  • La segunda parte, la efectuación, corresponde a los últimos dieciséis capítulos, del 13 al 28.

El tema del libro lo vemos reafirmado en la segunda parte.

En la primera parte apenas emprendimos el viaje, este viaje de Jerusalén a Roma.

Llegamos hasta Antioquía, ciudad que es puerto, literal y sugestivamente. Pero todavía no hay impacto en el Imperio. El cristianismo, hasta este punto, no es más que un malestar local, aunque los lugares donde se manifiesta son un poco más numerosos.

En la segunda parte vemos que todo el Imperio está afectado y que el cristianismo llega hasta la casa de César (Fil. 4:22).

Es la Iglesia, el Pueblo de Dios, que se está internacionalizando. Esto lo vemos en el primer viaje de Pablo y Bernabé: es la Iglesia la que envía a los misioneros. Y éstos, los misioneros, regresan a ella, y a ella le dan su informe (13:1-3 y (14:26-28).

En el capítulo 15 del libro podemos observar la primera asamblea general de la Iglesia, en su sesión en Jerusalén. Allí, oficialmente, la Iglesia decide que es universal, internacional y (en el sentido correcto de la palabra) católica. Notaremos algo más sobre esta reunión un poco más tarde en esta clase.

Dividiremos la segunda parte del libro de Hechos en dos:

  • La primera parte trata de tres viajes voluntarios (con un paréntesis);
  • la segunda parte, se ocupa de un viaje forzado

Los tres viajes voluntarios son, desde luego, los tres viajes misioneros de Pablo; el paréntesis es el concilio de Jerusalén. Esta parte va del 13:1 al 21:16. La segunda parte, la que trata del viaje forzado -con boleto pagado- es el viaje de Pablo a Roma, adonde es llevado prisionero. Esta parte va del 21:17 al 28:31.

Tres viajes voluntarios y un paréntesis. (13:1 a 21:16)

El llevar a efecto la internacionalización del pueblo de Dios va en serio desde el inicio y la organización de la Iglesia de Antioquía. Creció tanto esta congregación que tenía cinco pastores. Los primeros dos fueron Bernabé y Saulo (Pablo).

De Jerusalén habían enviado a Bernabé para atender a la congregación de Antioquía, y éste buscó la ayuda de Saulo (Pablo), haciendo el viaje a Tarso para llevarlo a Antioquía (11:22-25). No sabemos cuándo aumentó la congregación en Antioquía, pero en poco tiempo hubo trabajo para cinco pastores.

El Espíritu Santo fijó Sus ojos en dos de estos pastores, y dijo a la congregación: «Apartadme a estos dos». La congregación estuvo pronta para cumplir, y llegó a ser la primera iglesia misionera, la Iglesia Madre de todas las iglesias europeas, americanas, australianas, africanas, orientales. etc., etc. Bernabé y Pablo son los primeros misioneros, juntos con un joven ayudante, Juan Marcos, a quien conocemos como el autor del segundo Evangelio; pero este joven duró poco tiempo y volvió a Jerusalén (13:13).

Podemos concluir de estos últimos versículos del capítulo 15 que Pablo no quedó muy bien impresionado de este joven. Pero por sus cartas aprendemos que Pablo, más tarde, cambió su sentir respecto a Marcos.

Pablo, (quien hasta ahora había sido “Saulo”), y Bernabé van a la isla de Chipre, donde la predicación de Pablo es acompañada con las señales del Reino, o sea, el poder sobre los espíritus malos. De Chipre van a la región de Asia Menor llamada Galacia, donde organiza las iglesias a las que escribe más tarde la Carta a los Gálatas. Aquí vemos el primer ejemplo de la predicación de Pablo, su uso de la sinagoga como punto de contacto, y su atrevimiento para hablar del mensaje de Cristo.

En un mismo lugar es considerado como un dios y, después, apedreado como un criminal (Listra). Pablo y Bernabé constituyeron ancianos en las iglesias, y Iglesia ya es internacional.

La experiencia más profunda de Pablo es la que incluye en su informe a la iglesia de Antioquía, cuando él y Bernabé regresan allá después de su primer viaje. Es ésta: «(Dios) había abierto la puerta de la fe a los gentiles». Se puede hablar de la internacionalización del pueblo de Dios como la «gentilización» de la Iglesia.

Un paréntesis: El capítulo 15 nos narra cómo la iglesia trató con el problema de qué hacer con las congregaciones de los gentiles. El episodio previo en que Pedro relató su experiencia con Cornelio, fue la preparación; pero ahora la iglesia tiene que decidir.

Después de mucha discusión y largas entrevistas con Pablo y Bernabé, la iglesia decide a favor de la internacionalización del pueblo de Dios, y con inusitada osadía dice: «Ha parecido bien al Espíritu Santo y a nosotros…» Es, sin lugar a duda, una de las decisiones de más trascendencia que ha tomado la Iglesia en toda su historia. Con esta decisión la Iglesia determina su propia naturaleza, bajo la dirección del Espíritu Santo.

Hay un desacuerdo entre Bernabé y Pablo sobre el sobrino de aquél. No es muy alentador el relato, pero por esta debilidad humana Dios hace que haya dos equipos de misioneros. Bernabé lleva a Marcos, y Pablo va con Silas. Más tarde Timoteo acompaña a estos dos últimos. (Timoteo parece ser un convertido del primer viaje.) Nada sabemos de los viajes de Bernabé y Marcos; nuestra historia se concentra en Pablo y su equipo.

El segundo viaje de Pablo (15:36 a 18:23) empieza con la intención de visitar las iglesias que se organizaron en el primer viaje, pero el Espíritu Santo cambia pronto la intención, y les llama a Macedonia. Con este viaje el Evangelio llega a Europa. En este viaje se fundan iglesias cuya correspondencia vamos a leer más tarde en esta serie de estudios. Son las iglesias de los filipenses, los tesalonicenses y los corintios.

De éstas la iglesia de Tesalónica es, tal vez, la que más nos llama la atención. Con una obra de tres semanas Pablo dejó una iglesia, y ahí vemos el método y mensaje de Pablo con gran claridad. Habiendo salido de Tesalónica, va a Berea, luego a Atenas, y llega a Corinto, de donde escribe las cartas a los tesalonicenses, apenas unos cuantos meses después de haberles dejado.

Después de pasar año y medio en Corinto, cuya condición espiritual examinaremos en el estudio de las cartas enviadas a esta iglesia, Pablo regresa a Antioquía, su iglesia patrocinadora. Con su ejemplo Pablo apoya la idea de que la obra evangélica y misionera es obra de la Iglesia.

El tercer viaje (18:23 a 21:16) empieza como el segundo: con un recorrido de las iglesias fundadas en los viajes previos. De allí va a Éfeso donde Pablo tiene que corregir la obra de Apolos, la que realizó antes de ser instruido por Priscila y Aquila; interesante acontecimiento que ha dado ocasión a que algunos elaboren, hoy día, una doctrina equivocada sobre el Espíritu Santo. La experiencia en Éfeso también ilustra la confrontación del cristianismo con las religiones paganas, y los intereses involucrados.

Pablo seguramente hizo mucho más, durante el tercer viaje, de lo que está narrado para nosotros; lo que está aquí está por su importancia para la Iglesia. Lucas dedica largos pasajes a Éfeso; primero a sus experiencias allí, y luego al primer instituto ministerial que se llevó a cabo en Mileto, con referencia especial a los ancianos de Éfeso. En su discurso en este instituto Pablo aclara bien la obra del pastor (obispo, anciano) en la Iglesia.

De allí, pasando por muchos lugares, Pablo se dirige a Jerusalén, donde termina su tercer viaje. Ya la Iglesia es muy internacional; le falta solamente llegar a Roma. Y es el anhelo de Pablo que llegue allá.

Un viaje forzado (21:17 a 28:31)

Con difamación y aviesas intenciones aprehendieron a Pablo en Jerusalén. Así inició su viaje forzado hacia Roma. Quizá le falte dinero a Pablo, pero Dios le dará un viaje con boleto pagado. Solamente que Pablo todavía no lo sabe. Para con Pablo Dios tenía la costumbre de arreglarle las cosas antes de informarle.

Ahora Pablo tendrá la oportunidad de predicar a funcionarios del gobierno, a reyes, a gobernadores y a potentados, la cual nunca habría tenido si Pablo mismo hubiera arreglado las cosas. Debemos fijar la atención en la serie de personas notables a quienes Pablo predicó en ese tiempo, desde a los oficiales más importantes de los judíos en Jerusalén, pasando por los grandes gobernantes regionales, hasta llegar, a través de las oportunidades de hablar con capitanes de barcos, oficiales de la marina y comandantes de puertos, a le Roma misma donde en su casa y en la corte predica el Evangelio.

Lo que es importante en esta sección del libro no son las experiencias de Pablo, sino sus discursos. Son varios: ante el pueblo en Jerusalén; ante el concilio; ante Félix y ante Agripa.

En estos discursos Pablo cuenta su conversión dos veces y explica la esencia del Evangelio con mayor frecuencia. Es en estos discursos donde vemos que Pablo interpreta su conversión como su llamamiento. ¿Será válida esta interpretación para todo cristiano?

A Pablo Dios le da la oportunidad de dar un testimonio vivo de que Jesucristo es Rey, tanto del mar y de las serpientes como del corazón de Pablo. Después de un naufragio y de algunas otras experiencias Pablo llega a Roma. Los hermanos van a su encuentro y él les da el testimonio (que es también el tema del libro de HECHOS): «Sabed, pues, que a los gentiles les es enviada esta salvación de Dios» (28:28).

Pablo empieza una nueva época en su ministerio. Está dos años en una casa alquilada, que se convierte en templo, donde predica el Reino de Dios a todas las gentes, de todas las naciones, de todas las clases sociales, incluyendo a las más ricas y poderosas. Desde su cárcel en Roma escribe muchas de sus cartas. Ejerce el «pastoreo por correspondencia». Por estas cartas, sobre todo por la Carta a los Filipenses, sabemos más de su ministerio en Roma.


En la próxima lección tendremos nuestro primer repaso sobre el Nuevo Testamento: de MATEO a HECHOS DE LOS APOSTOLES. Se recomienda la lectura de las lecciones de la 1 a la 6, a fin de recordar mejor su contenido.

Lección 4. Juan: Jesucristo, la revelación de Dios

Descargar lección en PDF
Introducción

El Evangelio de Juan es notablemente diferente de los evangelios sinópticos, sin embargo, no cabe duda de que se trata del mismo Personaje y del mismo mensaje.

Algunos de los acontecimientos de la vida de Jesús son idénticos, sobre todo los que tienen que ver con la crucifixión y la resurrección; pero hay muchos datos y detalles de la vida y del ministerio de Jesús que son relatados solamente por Juan.

También el estilo de Juan es diferente: el vocabulario es más reducido, la gramática más sencilla, las oraciones gramaticales más cortas y la expresión más directa y personal. Estos rasgos estilísticos han hecho que el Evangelio de Juan sea el más conocido y muchas veces el Evangelio preferido.

La diferencia se explica por el propósito del autor. Cuando Juan escribió su Evangelio, ya eran bien conocidos los evangelios sinópticos. Los grandes grupos de población ya tenían el evangelio que concernía a sus intereses particulares: Mateo para los judíos, Marcos para los romanos, y Lucas para los griegos.

Parece que los evangelios sinópticos fueron escritos para quienes no conocían bien a Jesús ni su mensaje, para «simpatizantes» o nuevos creyentes, y con el fin de comunicar a su respectivo público los datos esenciales del Evangelio. Podemos decir que los evangelios sinópticos son, en un sentido, más «evangelísticos».

El Evangelio de Juan se relaciona más con los cristianos que quieren profundizar más sus conocimientos del Salvador. También se advierte una nota «apologética», o sea, una defensa en contra de los conceptos equivocados sobre la persona y la obra de Jesucristo.

Por lo dicho arriba podemos concluir que el Evangelio de Juan es el más cristológico. No solamente nos presenta a Jesús el Mesías, con toda Su autoridad de gran Maestro, sino que también nos da una doctrina de Cristo. No solamente vemos a Cristo, sino también vemos la verdad de Cristo. Este aspecto doctrinal es quizá el elemento más sobresaliente del Evangelio de Juan. Es este elemento el que queremos acentuar con el encabezado que hemos puesto al libro: «Jesucristo, la revelación de Dios.»

Juan mismo respalda nuestra afirmación. En 20:30-31 habla de la razón para consignar lo que está incluido en el libro. Esta razón es la de fortalecer la fe del lector. Hallamos información sobre Cristo no solamente para darnos más detalles, sino para que esa información esté en función de la enseñanza, o sea, de la doctrina. Es información selecta para hacer una Cristología. (Vale la pena distinguir aquí entre el tema y el propósito del libro. Están muy relacionados, pero no son idénticos.)

La idea de que Jesús es la revelación de Dios se encuentra en muchas maneras y en muchos lugares en el libro.

El hecho de empezar llamando al Salvador el LOGOS, el Verbo, lleva la atención hacia esta idea. También el que los «Yo soy» se hallen en este libro, apoya la idea. Hay una serie de textos en que se dice de Jesús (y El mismo lo dice) que Él es quien da a conocer a Dios. (De esto veremos más en el prólogo del libro.)

Dividimos el libro en dos partes:

  1. La primera trata del ministerio público de Jesús, «Cristo, la revelación de Dios al mundo», abarca los capítulos del 1 al 12;
  2. La segunda parte trata del ministerio privado de Jesús, «Cristo, la revelación de Dios a los Suyos», abarca los capítulos 13 al 21.

El tema del libro está presentado en un prólogo, algo que, en referencia a los evangelios, es estilística y estructuralmente distinto. Estudiaremos primero el Prólogo y luego las dos divisiones.

El prólogo (1:1-18)

El prólogo del Evangelio de Juan es tan notable que se han escrito libros enteros sobre él. El último versículo es la declaración del tema de todo el libro, sobre todo en las últimas palabras: «él (Jesús) le ha dado a conocer». La vida eterna es presentada más tarde (17:3) como conocer a Dios. Jesús ofrece vida eterna porque Él ha dado a conocer a Dios.

1) el Verbo.

2) la vida;

3) la luz; y

4) el Hijo

La primera y la última acentúan su relación con el Padre; las dos de en medio hacen énfasis sobre su relación con el hombre.

El ministerio público de Cristo. Jesús: la revelación de dios al mundo (1:19 a 12:50)

El ministerio público de Jesús empieza, según Juan, con el testimonio (público) de Juan el Bautista. Se nota que Juan, el evangelista, distingue cuidadosamente entre el precursor y el Mesías, entre Juan el Bautista y Jesús. «Yo no soy -dice Juan el Bautista. Yo solamente bautizo con agua; el otro, el verdadero, éste bautiza con el Espíritu Santo; éste es el Hijo de Dios.» Luego Jesús llama a Sus discípulos y con ellos se lanza a Su ministerio.

Ahora el énfasis no está sobre la actividad de Jesús en la sinagoga, ni tampoco sobre Su predicación (o proclamación), sino sobre «las señales». En el versículo 11 del capítulo 2 leemos que el cambiar el agua en vino en las bodas de Caná, fue el «principio de señales».

Cosa interesante e ilustrativa es que Juan emplea, por costumbre, la palabra «señal» para hablar de lo que nosotros llamamos «milagro». Para Juan los milagros eran testimonios de la identidad de Cristo, testimonio público en cuanto a Quién era.

Nicodemo quedó impresionado por las señales (3:2), como muchos otros (2:23), y fue a ver a Jesús. Juan hace un reportaje del acontecimiento y lo usa para desarrollar su Cristología. Hace lo mismo con una entrevista con Juan el Bautista, y con el encuentro de la mujer samaritana de Sicar, en el pozo de Jacob. Dos días después Jesús sana al hijo de un noble, y Juan dice que ésta fue la segunda señal que hizo Jesús 84:54).

Notamos que estilísticamente en el capítulo 5 hay un cambio. La fórmula «después de estas cosas» y el cambio de lugar (hasta Jerusalén), nos hacen ver que hay un nuevo paso en el ministerio público de Jesús. En esta segunda parte de la primera división el énfasis está sobre el conflicto con los judíos. Sigue Jesús en Su ministerio público, pero ya no en función de identificación, sino en la función de oposición.

Los judíos aprovecharon el hecho de que Jesús curó a un paralítico en Sábado para presentarle oposición (5:10). Su odio fue tan grande por eso que procuraban matarle (5:16). Es una reacción desproporcionada; el conflicto es más bien cósmico y no solamente local. Por revelarse como el Hijo de Dios, por manifestar que El es la pública manifestación de Dios, los judíos más aún lo querían matar, por haberse hecho igual a Dios (5:18).

Cuando el mismo Jesús elabora Su Cristología, le hacen preguntas capciosas, nacidas del deseo de no creer, (6:28,30) y murmuran de El (6:41) y expresan su incredulidad (6:52). Desde entonces, muchos de los discípulos (no se habla aquí de «los doce») se volvieron atrás y ya no anduvieron con El (6:66).

El conflicto llega a ser de tal grado, que hubo división entre ellos (7:43) y algunos querían prenderle. Solamente porque no había llegado la hora (8:20) nadie pudo prenderle. Las palabras de Jesús no son muy conciliadoras, pues les llama «hijos del diablo» (8:44). Cada señal (milagro) y cada discurso de Cristología parece inflamar más a los enemigos, y hasta quisieron cometer la tontería de matar a Lázaro, porque Jesús lo había resucitado (12:9-10). Por supuesto, seguían en su propósito de matar a Jesús (11:33).

El ministerio público de Jesús termina con Su entrada en Jerusalén. Jesús anuncia Su muerte, y Juan muestra que la incredulidad de los judíos fue profetizada (12:37-43). Acaba la sección con un pequeño discurso de Jesús. «Jesús clama», dice Juan, haciendo resaltar lo público de la proclamación. Jesús resume Su mensaje, que El es luz, la Revelación de Dios, y habla como el Padre le había dicho.

El ministerio privado de Jesús. La revelación de Dios a los suyos (13:1 a 21:25)

Todo el ambiente de la última parte del Evangelio de Juan es más íntimo, más privado. Desde el inicio de la sección, -con el ejemplo de humildad que les da Jesús, hasta el final, cuando Jesús habla a Pedro en el círculo íntimo de los discípulos-, el énfasis está sobre la relación de Jesús con los Suyos.

Esta sección tiene dos partes: la primera, alrededor de la mesa en el aposento alto, cuando Jesús habla íntimamente con Sus discípulos, y la segunda, en torno de la crucifixión y la resurrección, cuando Jesús también habla íntimamente con ellos. Pero en toda esta sección Jesús es la Revelación de Dios para los Suyos.

La primera parte de esta sección se presenta como una reunión de sobremesa. Tal vez fuera mejor decir que es una serie conectada de discursos entrelazados, que termina con una ferviente y sincera oración.

En estas páginas encontramos algunas de las más sublimes enseñanzas de Jesús, y la más profunda Cristología. Aquí encontramos algunos de los pasajes de las Escrituras que son los más conocidos entre los cristianos.

En estas pláticas descubrimos las más hondas enseñanzas sobre el Espíritu Santo, sobre el mismo Jesús y sobre el deber del discípulo. La parte de las enseñanzas termina con uno de los capítulos más excelsos de toda la Biblia: la oración del Señor por los Suyos, en el capítulo 17. También hay libros enteros escritos sobre este capítulo.

Luego vemos el arresto y el juicio de Jesús, Su condena, la crucifixión y el sepelio. Juan nos hace ver que el mismo Nicodemo, que vino a Jesús de noche, por el testimonio de Sus señales, pidió el permiso para llevar el cuerpo de Jesús.

Después de relatar la resurrección, Juan presenta una señal más. Es una señal para los discípulos y se relaciona con su tarea: es el milagro de los peces. Pedro es reestablecido entre los apóstoles y su tarea (y la de todos los discípulos) queda especificada.

Juan concluye diciendo que lo que ha escrito es solo una pequeña parte del testimonio dejado por Jesús. Al meditar en estas cosas el ancianito Juan expresa su admiración diciendo que si se escribiera todo, no cabrían los libros en el mundo. Hipérbole, quizás; pero no por mucho.

La LECTURA NECESARIA para la clase de la próxima semana es la de LOS PRIMEROS DOCE CAPITULOS del Libro de HECHOS DE LOS APOSTOLES.

3. Lucas: Jesús, el gran maestro

Descargar lección en PDF
1 Introducción

El autor del tercer Evangelio es un médico griego. Fue íntimo amigo del apóstol Pablo, habiendo participado con éste en algunas de sus aventuras evangelísticas.

En el libro de Los Hechos, también escrito por Lucas, en 16:10, el autor cambia la persona gramatical. Antes hablaba de «ellos», ahora dice «nosotros», indicando de esta manera cuándo empezó a viajar con Pablo. Es muy probable que Lucas recibiera sus primeros conocimientos sobre Jesucristo por boca de Pablo.

El hecho de que Lucas fuera médico quiere decir que poseía una formación universitaria. Esto es de mucha importancia porque el mismo Lucas nos informa que compuso su Evangelio después de una investigación (1:3), la que fue perfectamente capaz de realizar, por su preparación académica.

En la introducción Lucas nos informa que parte de su intención era «escribírtelas por orden». Al escribir su Evangelio, el mismo Lucas sabe que otros ya han escrito para «poner en orden la historia», y él ahora agrega el suyo a los demás.

Esto debe ser una pista para nosotros de que habrá algo en el «orden» de este Evangelio que es significativo. Por «orden» no debemos entender solamente el orden cronológico o histórico, sino el arreglo de los elementos del Evangelio en función de la totalidad. Vemos este arreglo (u orden) sobre todo en la larga sección de 9:51 a 19:27, donde casi todo el ministerio educativo de Jesús está resumido como un largo viaje pedagógico.

No sabemos si Teófilo («amigo de Dios») es una persona verdadera o una ficción literaria. Lo llama «excelentísimo», título empleado para hablar con gobernadores y altos oficiales de la burocracia romana, lo cual hace inclinar el pensamiento hacia la conclusión de que es una persona verídica.

Sea como fuere, el uso de este tratamiento parece indicar que el Evangelio fue escrito para «gente pensadora» que sabría apreciar una argumentación.

El libro se divide en cinco partes

  1. La primera es como una presentación del personaje principal de este relato (1:1 a 4:13);
  2. la segunda, el estreno educativo (4:14 a 9:50);
  3. la tercera, la peregrinación pedagógica (9:51 a 19:27);
  4. la cuarta, el recio rechazo (19:28 a 23:56), y
  5. la última, la victoria verdadera (24:1-53)
2 La presentación del personaje principal. (1:1 a 4:13)

Lucas presenta, en la forma más completa, al Personaje que es central en su historia. Ningún otro evangelista dedica tanto espacio para hablar del nacimiento y de la época pre-ministerial del Salvador. La ubicación histórica es precisa y personajes verdaderos toman su papel en los acontecimientos transcendentales que narra Lucas. Todo coopera para convencernos de la historicidad de lo que se está narrando.

Vemos a Jesús entrelazado con la historia humana desde Su concepción, emparentado con personas concretas, con una red de relaciones humanas que hace casi imposible dudar de algún detalle.

Las historias de los respectivos nacimientos, de Juan el Bautista y de Jesús, son intercaladas y entrelazadas. Solamente en Lucas vemos los tres bellos poemas de la Navidad: el de María, el de Zacarías y el de Simeón. Lo que da una nota de autenticidad a estos poemas es que el literato griego (Lucas) presenta una poesía que en todos sus rasgos es cien por ciento hebrea, al estilo de los Salmos. Es totalmente diferente de la lírica y épica griegas. Todo esto deja una huella de auténtico realismo.

Seguimos al Personaje principal desde Su sobrenatural, pero muy humano, nacimiento; en Su presentación en el templo por Su madre, y cuando El Mismo se presenta en el templo a los doce años; a través de Su bautismo por Juan, hasta Sus tentaciones, cuando es adulto y está listo para empezar Su ministerio.

Tarea 1 Haga usted mención de los episodios y personajes históricos que recuerde, de este período de presentación de Jesús
3 El estreno educativo. (4:14 a 9:50)

El versículo 15 del capítulo 4 da la pauta de esta sección: dice que Jesús ENSEÑABA en las sinagogas. Luego nos da un ejemplo típico de esta actividad, cuando Jesús regresa a Su propio pueblo para enseñar en la sinagoga. El hecho de que se sentara es otra indicación de que Jesús enseñaba. El tema de Su mensaje fue que en El Mismo se cumplía la profecía. Lucas, que no era judío, hace énfasis en la renuencia de ellos para recibir las enseñanzas de Jesús.

Jesús enseña a través de una serie de curaciones, aparentemente a favor de Sus discípulos, un número no especificado, aunque eran más de doce, porque en 6:12-16 limita el número a doce. El único llamamiento que Lucas narra es el de Leví (Mateo).

 Después de elegir a los doce y de nombrarlos apóstoles, Jesús les da las enseñanzas que vimos antes en el Sermón del Monte. Jesús se identifica plenamente ante los discípulos de Juan, no por Sus palabras sino por Sus actividades, las cuales cumplen con la profecía. Los milagros también instruyen a los discípulos.

En el capítulo 9 vemos a Jesús que pone a Sus discípulos a predicar el Reino de Dios. Es seguro que los llamó para una tarea especial, y la primera etapa del entrenamiento era como un curso propedéutico. Recibieron una lección inolvidable cuando Jesús, antes de dar de comer a los cinco mil, les dijo: «Dadles vosotros de comer» (9:3).

En este contexto Lucas consigna la confesión de Pedro, que hace en nombre de todos los discípulos, como algo estrechamente relacionado con su llamamiento.

Dos perícopes importantes se incluyen en esta sección: el anuncio de Su muerte, hecho por Jesús mismo, y la transfiguración. Los dos tienen qué ver con una explicación del propósito del ministerio de Jesús. Es tan importante el anuncio de Su muerte que Lucas lo incluye dos veces en este capítulo.

Tarea 2 Enumere algunas de las enseñanzas específicas que el Señor dio a través de Sus milagros.
4 La peregrinación pedagógica. (9.50 a 19:27)

 Esta parte del libro, la más grande, es también la principal. Está estructurada como un largo viaje a Jerusalén, durante el cual Jesús instruye a Sus discípulos y apóstoles (porque en muchas ocasiones hay muchas personas además de los doce) en los principios del reino y de la iglesia. Les imparte todo un curso de teología, tanto en lo teórico como en lo práctico.

Vemos aquí una peregrinación y no un vagabundeo. Peregrinar es viajar hacia una meta (un santuario) con un propósito y ahínco. Jesús «afirmó su rostro para ir a Jerusalén» (9:51, compara v. 53). En el capítulo 19, versículo 27, sube a Jerusalén. Todo el tiempo de la peregrinación Jesús lo emplea en la enseñanza de Sus discípulos. En el versículo 56 Jesús declara el propósito de Su ministerio, que, por implicación, es también el de Sus apóstoles

Jesús da trabajo de campo a Sus discípulos (son más numeroso que los apóstoles, pues eran setenta). Salen los discípulos y regresan con gozo, un hecho que hace feliz a Jesús también (10:18-21).

En esta división encontramos las más claras enseñanzas sobre el Reino. Múltiples parábolas se emplean en esto. Muchas veces, pero no siempre, Jesús hace referencia directa al Reino (13:18 y 20). Otras veces está presente implícitamente, pero la enseñanza básica de esta sección es el Reino.

Las enseñanzas sobre el Reino eran tan intensivas, que los discípulos pensaron que al entrar en Jerusalén el Reino se manifestaría (19:11). Jesús enseña una parábola para ayudarles a entender ciertos aspectos del Reino, sobre todo esto de que Jesús se iba a ausentar y luego a regresar, y que los discípulos tendrían qué ocuparse mientras del Reino. Esta parábola sirve también para introducir la siguiente división del libro, la que trata de las actividades de Jesús en Jerusalén.

Tarea 3 ¿Recuerda usted algunas de las parábolas referentes al Reino que Jesús pronunció en esta etapa?

 
5 El recio rechazo. (19:28 a 23:56)

 Lucas, más que los otros evangelistas, trata de la última semana de la vida de Jesús en términos del rechazo que tuvo de parte de Su pueblo, el pueblo que debería haber estado esperándolo con ansia. Todo en esta parte, desde la entrada en Jerusalén hasta la crucifixión, tiene por objeto poner en relieve este recio rechazo.

Las enseñanzas tienen que ver con la controversia, con las preguntas capciosas, pues el rechazo es evidente desde la purificación del templo (19:47). Cada vez el odio es más enconado y el rencor más fuerte.

El enfoque que da Lucas a la (llamada) Semana Santa es el de lucha pleito y complot. Pero a pesar de todo ello, hay una nota de futurismo, de optimismo. Jesús habla con Sus discípulos en la última cena acerca de la grandeza del servicio. Sin embargo, en el mismo ambiente predice la negación de Pedro y les informa a Sus discípulos de la dura lucha que les espera.

La historia del juicio, junto con las de la crucifixión y del sepelio, son dadas con detalles que corresponden a un investigador. Las conversaciones y observaciones son reportadas, junto con los nombres y otros detalles.

Tarea 4 Mencione algunos de los puntos de controversia que Jesús sostuvo frente a Sus adversarios.
6 La victoria verdadera (24:1-53)

 Con el mismo afán de investigador Lucas presenta la resurrección y la ascensión de nuestro Señor. Aquí, y solamente aquí, encontramos a los caminantes que iban a Emaús. El relato de este acontecimiento ocupa más espacio en el Evangelio de Lucas que las apariciones mismas de Jesús, quizá por su valor de testimonio. La idea de testimonio se declara expresamente en el versículo 48.

La victoria es presentada como algo que era de esperarse, pues el Antiguo Testamento (vers. 26-27 y 44-47) y el mismo Jesús (ver. 7) habían hablado de ella.

La victoria se ve en todas sus dimensiones en la última visión de Jesús que Lucas presenta en el libro. Vemos a Jesús con Sus manos alzadas para dar la bendición, y bendiciéndoles se separó de ellos. Los discípulos volvieron a Jerusalén con grande gozo. Disfrutaron de su victoria alabando y bendiciendo a Dios en el templo.

2. Marcos: La exhibición de autoridad

Descargar lección en PDF

Introducción

El evangelio de Marcos, junto con los de Mateo y Lucas, es uno de los Evangelio que los estudiosos llaman «sinópticos». (Esto no quiere decir, como un seminarista opinó alguna vez, «algo que no tiene ojos».) La palabra viene del griego y está compuesta de dos elementos: syn (o sun), que quiere decir: con o junto, y opsis, que quiere decir visión. Los Evangelios sinópticos son los que ven desde una misma perspectiva; parecen ser semejantes.

No se puede negar la semejanza de los tres primeros Evangelios. Un alto porcentaje de su material es el mismo en los tres. El orden en relatar la información es básicamente igual.

El punto de vista con que nos presentan al Cristo es casi idéntico, y muchas frases, palabras y hasta oraciones son repetidas en los tres. Es por esto por lo que los estudiosos hablan de estos tres Evangelios como de los Evangelios Sinópticos.

En torno a esto ha surgido, en los estudios teológicos, lo que llama el «problema sinóptico». Realmente no es un problema. Se trata de explicar la gran semejanza de estos tres Evangelios y, a la vez, hacer notar y explicar algunas diferencias notables. Se pregunta: Si se copiaron uno del otro, ¿por qué no se copiaron todo y al pie de la letra? Si no se copiaron, ¿cómo se explica la abrumadora semejanza?

Otro factor en el asunto es el de que de estos tres evangelistas solamente Mateo fue discípulo de Jesús y fue testigo ocular de los acontecimientos que describe. Lucas era un médico griego, investigador, amigo de Pablo, y Marcos (según la tradición) compuso su Evangelio teniendo como base la predicación de Pedro; pero no se encuentra su nombre en ninguna lista de los discípulos.

Nuestra respuesta a este asunto es la siguiente: en base al concepto de la inspiración, de las escrituras por el Espíritu Santo, no hay ningún problema en cuanto a la semejanza, pues el Espíritu Santo movió a cada uno para escribir los mismos datos casi en la misma manera, con pequeñas diferencias debidas a la personalidad de cada evangelista.

Además, cada uno informó lo mismo que los que conocieron a Jesús sabían perfectamente. Los primeros cristianos, los discípulos de Jesús (los ciento veinte) y los muchísimos testigos de los milagros y enseñanzas de Jesús, hacían que no se pudiera variar mucho en el reportaje de los acontecimientos. El recuerdo de Jesús estaba en su memoria contenido en las palabras precisas, que pronunció.

Ahora bien, por otro lado, cada uno de los evangelistas, por la dirección del Espíritu Santo, escribió con un propósito diferente, y para un distinto público. Cada uno quería lograr algo específico con su propia gente. Notamos, hace ocho días, que Mateo escribió para los judíos; para mostrarles que su Mesías, su Rey, ya vino para establecer Su Reino, y que el Reino del Mesías era ya una realidad.

Esta idea era importante e impresionaba solamente a los judíos, ya que ni los romanos ni los griegos esperaban un Mesías. Otros temas les llamaban la atención a ellos. Ahora bien , suponiendo que es verdad, como se supone comúnmente, que Marcos escribió para los romanos, y Lucas para los griegos, se puede esperar que los temas y los estilos se adecuaran al público aludido.

En el caso de Marcos se encuentra precisamente eso. Se encuentran los vocablos más usuales para los romanos, nombres de lugares, monedas, etc. Pero, sobre todo, unos conceptos que llamarían la atención de un pueblo militar, como era el pueblo romano

 Es en este contexto donde notamos que el concepto principal del libro es el de «exousia«, autoridad, potestad o poder. Es el derecho y la capacidad de mandar. Este concepto es notable en el libro. Algunos textos importantes son: 1:22; 1;27; 2:10 (texto clave en este Evangelio); 3:15; 6:2; 6:7; 11:27-33 (otro texto clave); 14:62, y muchos otros. También hay muchas ocasiones cuando la cuestión de la autoridad es el asunto que se trata, sin que se emplee la palabra «autoridad».

Por otra parte, sabemos que hay alguna relación entre la familia de Juan Marcos (el evangelista Marcos es Juan Marcos) y Pedro (Hechos 12:12). Pedro lo llama «mi hijo» en 1 Pedro 5:13. Es muy probable que la tradición tenga razón en que Marcos haya escrito su Evangelio con base en los conocimientos de Pedro.

Además, Marcos vivía en Jerusalén durante el ministerio de Jesús. Y si el muchacho de Marcos 14:51-52 no fue Marcos, ¿quién fue? Podemos estar seguros de que Marcos no estaba lejos de los acontecimientos evangélicos, y de que su punto de vista personal, junto con sus dotes y experiencias, lo hicieron un testigo privilegiado.

Para estudiar el Evangelio de Marcos lo vamos a dividir en cuatro partes, todas relacionadas con el concepto de autoridad.

  1. En la primera parte vemos el origen de esta autoridad (1:1-13)
  2. en la segunda parte vemos la autoridad declarada (1:14 a 3:35);
  3. en la tercera, la autoridad ejecutada (4:1 a 10:52); y
  4. en la última, la autoridad merecida (11:1 a 16:20).
  1. El origen de la autoridad de Jesús. Capítulo 1:1-13

El Evangelio de Marcos empieza de manera diferente de los demás Evangelios sinópticos. Se inicia con una declaración de que lo que sigue es, en verdad, el Evangelio de Jesucristo, el Hijo de Dios, y que este Jesucristo es el anunciado por Isaías el profeta; que, además, es tal como lo describió el profeta, o sea, el pre-anunciado y prometido eterno Rey.

Lo que cita (un texto compuesto de Malaquías e Isaías) va como un encabezamiento al anuncio del inicio del cumplimiento del tiempo (Véase 1:15). Afirmamos esto porque la cita se refiere precisamente a Juan el Bautista, y no al Salvador.

Dos puntos importantes nos llaman la atención: Juan vino siendo profetizado y profetizando. Tanto el ser profetizado como el estar profetizando, hablan del origen divino de la autoridad del Salvador.

La manera tan breve de referirse al bautismo y a las tentaciones de Jesús, indica que los acontecimientos, en sí mismos, no eran lo más importante, sino lo que proporcionaban al concepto básico del Evangelio. Parece que para Marcos lo importante de las tentaciones es que «el Espíritu le impulsó» y que «los ángeles le servían».

2. La autoridad de Jesús declarada. Capítulo 1:14-3:35

La idea de autoridad está ya en el anuncio de que Jesús predicaba «el reino de Dios». Lo hizo en términos del cumplimiento del tiempo y de la presencia real del reino (autoridad). La frase «se ha acercado» (1960) es una mejor traducción que «el reino está cerca» (Antigua Versión). La idea es que el reino ya está.

Después de llamar a los primeros cuatro discípulos, Jesús entra en la sinagoga, donde la nota más sobresaliente de Su enseñanza es la autoridad. Muestra Su autoridad dándole órdenes al endemoniado, y esto causa nuevos comentarios sobre Su autoridad.

Los otros milagros que relata Marcos en el mismo contexto reafirman la idea de autoridad. Luego Jesús hace un milagro con el propósito declarado de mostrar Su autoridad (o potestad) (2:10).

En lo que sigue Marcos nos declara esta autoridad haciendo que le veamos en acción. La acusación del sábado, del ayuno, etc., tienen qué ver con esto. Una de las más fuertes declaraciones de la autoridad de Jesús la hace en relación con el pecado contra el Espíritu Santo.

La más bella enseñanza del principio de la autoridad se encuentra en el capítulo 4, donde Jesús presenta e interpreta la parábola que, comúnmente, llamamos «la parábola del sembrador». Junto con ésta encontramos otras que dan la misma enseñanza. En todo vemos que la autoridad y el poder es la Palabra, que, desde luego, es la Palabra de Cristo. Termina esta parte con un milagro que muestra la autoridad de Jesús sobre la naturaleza. Los discípulos se preguntan: «¿Quién es éste que tiene autoridad sobre el viento y el mar?»

 Tarea 1. Haga una lista de las órdenes que dio Jesús en esta primera etapa de Su autoridad declarada. (Marcos 1:14-3:35).

3. La autoridad de Jesús ejecutada o ejercida. Capítulo 4:1-10:52

Esta es la división más larga del libro. Corresponde a lo que llamamos «la propaganda (o publicación, o publicidad) del Reino”. Aquí vemos comisionados a los apóstoles, y que Jesús les da autoridad. El que delega autoridad lo hace porque la tiene. En todo vemos la operación de esta autoridad repartiendo beneficios a los miembros del reino.

Aquí encontramos milagros de sanidad, de nutrición y de poder sobre los demonios. Las enseñanzas también se relacionan con el tema, sobre todo en cuanto a que las enseñanzas de Jesús se oponen a las tradiciones de los antepasados y a las costumbres de los judíos, especialmente de los fariseos.

Nunca debemos pensar, (aunque se oiga decir, de cuando en cuando) que Jesús se oponía al Antiguo Testamento, sino que se opuso a las perversiones que la tradición había introducido en él (7:13).

Santiago (Jacobo) y Juan entendieron bien esto de la autoridad, y ellos quisieron participar en ella. Jesús les enseña que la idea de autoridad es diferente (10:42-43) y emplea la palabra «exousia», traducida aquí como «potestad».

La autoridad es autoridad para servir, y la tiene solamente aquél que pueda cumplir con el servicio. La autoridad tiene qué ser merecida. Esta idea nos lleva a la última división del libro.

Tarea 2. Después de la inspirada confesión de Pedro, el Señor anuncia tres veces Su crucifixión y Su muerte. ¿Puede usted dar las citas bíblicas correspondientes?

4. La autoridad de Jesús es merecida. Capítulo 11:1-16:20

Esta sección del libro de Marcos corresponde a la parte del Evangelio de Mateo que hemos llamado «pasión». Solamente que es notablemente más breve en Marcos: cinco capítulos contra doce. La información en Marcos es mucho más reducida en cantidad. Pero la historia es la misma, y no hay ninguna contradicción en detalle.

Para Marcos, toda la última parte del libro es el cumplimiento de las palabras de Jesús a Santiago y a Juan, explicando Su misión y el ejercicio de Su autoridad (10:45).

Va a la cruz en relación con esta autoridad. Ordena que le traigan el pollino con la sola excusa ce que «el Señor lo necesita» (11:3). Purifica el templo llamándolo «mi casa». Maldice la higuera y habla de Su autoridad. Enseña sobre el tributo, causa disturbios en las gentes y divisiones entre los grupos. Todo para llevarle al sacrificio, porque Su autoridad será legitimada en él. Jesús marcha deliberadamente hacia la cruz.

El juicio y la crucifixión de Jesús ocupan un espacio normal en el Evangelio de Marcos; pero la resurrección tiene un espacio relativamente menor. Esto concuerda con el propósito de Marcos de exhibir la autoridad de Jesús, que se muestra todavía en las señales y en la sobrenatural extensión del Reino de Cristo en el mundo

Ahora nos corresponde leer TODO EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS, para estar debidamente informados y entender la próxima lección.

1. Mateo: Jesucristo, el Mesías

Descargar lección en PDF

Atención: El siguiente vídeo no tiene audio. Para mejor lectura puede ir deteniendo el vídeo acordemente. Es la parte complementaria de la Lección 1 le hemos llamado Lección 1B.

Introducción (1)

Al iniciar nuestro estudio del Nuevo Testamento debemos fijar la atención en la idea de «testamento». Estamos muy acostumbrados a referirnos a las dos secciones de la Biblia como los Testamentos; pero, por útil que nos sea esta práctica, conviene hacer notar que esto es costumbre humana, pues la Biblia misma no emplea el vocablo «testamento» para distinguir sus divisiones. De hecho, la Biblia no llama atención alguna sobre estas divisiones. Menos aún debemos pensar que los dos «testamentos» correspondan a las referencias que hay en la Biblia al antiguo y al nuevo pactos, porque cuando se empleaba este lenguaje el Nuevo Testamento no existía todavía como libro.

La palabra «testamento» viene del latín y es una de las palabras que se emplean para traducir los términos «sunteke» y «diatheke», del griego, y la palabra «berith», del hebreo. Otras palabras que se usan son: alianza, pacto, convenio y liga. Una palabra moderna sería «contrato». El concepto básico en todos estos vocablos es la idea de un «compromiso por palabra». Es por esto que en la Biblia, especialmente en el Antiguo Testamento, pero sin dejar de hacerlo en le Nuevo Testamento, se relaciona tanto la idea de pacto con la de promesa.

EL PACTO, el compromiso de Dios por Su Palabra, es uno y único. Es inconcebible suponer, en términos bíblicos, que Dios niegue Su Palabra o la nulifique para dar otra. Su revelación es progresiva; todas las partes concuerdan sin que una parte contradiga a la otra. La revelación es creciente; cada parte se añade a lo anterior, pero nunca va para atrás. Los dos Testamentos no enseñan, en lo absoluto, dos pactos.

Podemos pensar en los dos testamentos como dos entregas, en serie, de un mismo pacto. Los dos Testamentos juntos, la Biblia, forman la parte escrita del pacto que Dios establece son Su pueblo. Los dos testamentos, entre sí, son partes complementarias de la Palabra de Dios. La relación de la segunda parte con la primera es de cumplimiento y no de contradicción.

Introducción (2)

MATEO era judío, hebreo, con todos los prejuicios y características de su raza. Su Evangelio muestra un buen conocimiento de las Escrituras Hebreas. Como todo judío, especialmente los de su época, se interesaba por el Mesías, o sea, el Salvador Real, el prometido Hijo de David que establecería Su reino eterno. Mateo escribe para su pueblo, en términos de lo que era de más interés para su gente. Por eso, la gran afirmación de su libro es que Jesús de Nazaret es el Mesías. El tema de este Evangelio es, entonces, Jesucristo el Mesías. Para

ayudar a nuestra memoria emplearemos una serie de «p’es» para marcar las divisiones de este libro que presenta al Mesías. Las tres divisiones son: El Mesías: su Persona (1:1 al 4:16; su Propaganda (4:17 al 16:20); su Pasión (16:21 al 28:20). El libro de Mateo trata de la Persona, de la Propaganda y de la Pasión del Mesías.

La Persona del Mesías.

El Mesías es el Mediador. El Mediador está entre dos; relaciona al hombre con Dios. Por eso, tenemos qué ver al Mesías aquí en los términos de hombre, de Dios, y en Su papel de relacionar al hombre con Dios.

Su relación con el mundo de los hombres es obvia por Su genealogía. La larga lista de nombres, cada uno de una persona humana concreta, establece la humanidad de Jesús. La humanidad, en este caso, es la nueva humanidad que Dios levanta para Sí. Esto se ve en que la humanidad de Jesús es la humanidad de Abraham, no la de Adán. (Lucas, que veremos en un estudio dentro de quince días, hace otro énfasis.) Otro nombre importante en esta genealogía es el de David. (Hay en la lista tres nombres de mujeres, que son: Tamar, Rahab y Ruth. Sin mencionar su nombre, se hace referencia a Betsabé. Estas, además de María, por supuesto.) Un punto importante es que en el tiempo de Mateo era más difícil creer en la humanidad de Jesús que en Su divinidad.

Pregunta 1. ¿Qué demuestra plenamente la genealogía de Jesús?

Después notamos una mezcla de actividades humanas y divinas, de lo natural con lo sobrenatural. La concepción de Jesús es divina, sobrenatural, su nacimiento es natural y humano. Los ángeles del cielo anuncian el nacimiento de Jesús, y los reyes de la tierra llegan a visitarlo. Un ángel despierta a José y cuando José huye con María y el Niño, soldados de carne y hueso matan a niños humanos. Cuando Jesús es bautizado por un hombre, Juan, Dios dice «éste es mi Hijo».

El Mesías es el segundo Adán, es decir, que el oficio de Mediador incluye el ser hombre, ser humano. Para tomar Su papel en el pacto, el Mediador tiene qué cumplir con los requisitos del pacto. El requisito del pacto es la perfecta obediencia. (Sí creemos en la salvación por las obras; solamente que las obras no son nuestras, sino de nuestro Salvador.) El segundo Adán, para poder representar a la nueva humanidad, tiene qué probar que es obediente, capaz de cumplir. He aquí lo importante de las tentaciones; Jesús sale aprobado, obediente, capaz de ser nuestro Mesías-Mediador.

Pregunta 2. ¿Qué hechos sobrenaturales indicaron, no obstante, la divinidad de Jesús?

La Propaganda del Mesías.

En esta parte del Evangelio vemos más claro el hecho de que el Mesías es Rey. Las noticias del reino son la propaganda. El reino está presente en la persona del Mesías-Rey; por eso de puede hablar de la propaganda del Mesías en términos de los anuncios del reino (4:17). Esta parte también se divide en tres: el anuncio de los principios del reino (4:17 a 7:29); la exhibición de los beneficios del reino (8:1 a 9:34); y la ejecución de sus demandas (9:35 a 16:20).

Después de anunciar el reino, Jesús llama a Sus discípulos y con ellos inicia el Reino de los Cielos. Con ellos, para establecer Su reino, Jesús recorre toda Galilea enseñando en las sinagogas. Muestra que la manera de hacer venir el reino es anunciándolo. Mucha gente le sigue: el reino ya está iniciado.

La constitución del reino es el mensaje de Cristo, Su enseñanza. El reino consiste en la presencia de los discípulos en el contexto del mundo (5:1). La esencia misma del reino es teológica, es la Palabra de Cristo. Los capítulos del 5 al 7 hacen obvio esto. Los principios del reino están expuestos en el «Sermón del Monte». La importancia de la aplicación de estos principios es el punto de las palabras finales de este sermón, en la parábola de los dos cimientos (7:24 a 29).

En hechos y en palabras Jesús describe el reino a los que le escuchan. Los beneficios son múltiples. Jesús muestra Su poder como eterno Rey en Su autoridad sobre la enfermedad, los espíritus malos y la naturaleza. La impotencia (parálisis, ceguera, mudez y muerte) del hombre no limita las actividades del Rey.

En este contexto de poder Jesús llama a Sus discípulos a se apóstoles y les confiere participación en el poder del reino (10:1). El reino es presentado en términos de una tarea, de trabajar en la mies. El Rey se presenta como digno de confianza, y explica con enseñanza y ejemplo la labor del discípulo-apóstol. La sección termina con la confesión de Pedro, la cual redondea la enseñanza de esta parte. Se debe notar la correspondencia entre la introducción y la conclusión de esta parte (9:35 a 10:1 con 16:13 al 20).

Pregunta 3. En esta sección hay dos grandes discursos de Jesús: el Sermón del Monte (capítulos 5-7) y el que dirige a Sus discípulos antes de enviarlos a predicar (cap. 10). Léalos de nuevo y medite en las bendiciones que encierran.

La Pasión del Mesías.

Después de la época de entrenamiento de los apóstoles, «desde entonces» (16:21), Jesús empieza a anunciar Su muerte, Su pasión. Las enseñanzas son semejantes a las de antes, pero ahora son vistas en relación con la cruz y a la luz de la resurrección. Tienen qué ver con entender correctamente el ministerio del Mesías-Rey. El enfoque es hacia Jerusalén, el lugar del templo, del sacrificio. Su entrada en Jerusalén, un anuncio del Reino y parte de Sus sufrimientos (despreciado y desechado entre los hombres), es el «switch» con el que Jesús prende el proceso del sacrificio vicario, que es esencial para la realización del Reino. El Reino es esclarecido todavía más durante los días de entre el Domingo de Ramos y el de la crucifixión, por las enseñanzas de Jesús y las controversias que tuvo qué sostener. En todo esto da las pautas para la correcta interpretación de Sus actos, sobre todo en el contexto escatológico.

Pregunta 4. Lea juntos detenidamente los capítulos 24 y 25. Trate de aplicarlos a su vida.

Aquí está la institución de la Santa Cena, interpretación teológica de la Pascua y de la Cruz, como un eslabón inquebrantable entre los dos Testamentos. Luego encontramos la historia del enjuiciamiento y de la crucifixión del Mesías, que culmina en la resurrección, la indudable seguridad de la realidad del Reino.

El último párrafo del libro vuelve a uno de los temas más importantes de este Evangelio: el Rey y Su Reino (28:16-20). Jesús dice: «Toda potestad me es dada».  Una clara afirmación de ser Rey Eterno. Luego nos dice (a nosotros): «POR TANTO, id». El «por tanto» de la gran comisión es, quizá, la parte más importante.

Pregunta 5. ¿Cuál es el tema central del Evangelio de Mateo?

Lección 11-a – La estructura del pacto en la Biblia (Caps. 1-3)

The Covenantal Structure of the Bible
Ralph Allan Smith
The Covenantal Structure of the Bible (revised version)
©2006 Ralph Allan Smith
Covenant Worldview Institute
Tokyo, Japan
info@berith.org

Traducción: Saulo Murguia (saulo.murguia@berithar.org)

Capítulo uno

El tema central de la Biblia

¿Cuál es el tema central de la Biblia?

Para responder a esta pregunta, debemos considerar una pregunta más fundamental: ¿Tiene la Biblia un tema central?

Si la Biblia es un libro, es evidente que la respuesta debe ser sí. Ciertamente, esta es la respuesta que han dado los cristianos de todas las tierras, idiomas y culturas que, durante casi 2000 años, han confesado que la Biblia es una revelación unificada de Dios.

Más importante aún, la Biblia misma confirma este testimonio. Aunque escrita por más de 40 autores diferentes durante un período de aproximadamente 1500 años, la Biblia presenta una cosmovisión integrada en sus doctrinas de Dios, el hombre, la ley, la historia y la salvación. La armonía de la enseñanza bíblica es aún más maravillosa, ya que representa un crecimiento orgánico de la revelación en el desarrollo histórico de la relación del pacto de Dios con su pueblo desde la creación original hasta el fin del mundo.

Cristianos de todas las épocas han confesado la unidad del mensaje bíblico, pero no todos han encontrado la unidad de la Biblia en los mismos temas. No todos están de acuerdo sobre cuál es el tema central.

Algunos, por ejemplo, han sugerido la idea de la redención. Ahora la historia bíblica seguramente es el desarrollo de un drama redentor. La Biblia nos dice cómo el hombre cayó en pecado y cómo Dios en su gracia salvó al hombre (Génesis 3: 1-15). Nos habla del gran amor de Dios por los hombres pecadores y la muerte de Jesús para redimir al hombre (Juan 3:16). La Biblia nos enseña que el Espíritu Santo fue enviado al mundo para aplicar la obra redentora de Jesús (Rom. 8: 1-14). En el clímax de la historia, veremos el mundo redimido y la plena manifestación de la gloria de Dios (1 Cor. 15: 22-28).

Por lo tanto, la redención es seguramente uno de los grandes temas de la Biblia. Pero, la redención no parece ser un tema lo suficientemente amplio como para incluir todos los temas principales. Para ser específicos, no parece lo suficientemente amplio como para incluir temas como la creación, que ocurre antes de que haya necesidad de redención y parece ser más importante en la Biblia que solo la información de fondo para la redención. Sería difícil con un tema central tan estrecho como la redención, encontrar un lugar apropiado para otros temas como los ángeles, Satanás, los ángeles caídos, el infierno, etc. Tan importante como la redención es para la historia bíblica, no parece ser el verdadero centro organizador de la Biblia.

Otros han sugerido que el tema central de la Biblia es Cristo mismo. Esto debe ser cierto en cierto sentido porque Cristo es el Creador del mundo y la Palabra de Dios encarnada (Juan 1: 1-3). Desde la caída hasta la consumación de la redención, el mensaje bíblico se centra en la persona de Cristo como el Salvador del mundo. Está prefigurado en tipos y predicho en profecía (Lucas 24: 25-27). Cualquier respuesta que uno dé a la pregunta sobre el tema principal de la Biblia, Cristo debe ser parte de la respuesta. Pero ¿en qué sentido debemos pensar en Cristo como el centro?

Muchos maestros de la Biblia creen que el pacto es el tema más importante en la Biblia. Nuevamente, el pacto es definitivamente un tema principal. La Biblia cuenta la historia de los convenios de Dios con Adán y Cristo (Rom. 5:12 y sigs.). Nos cuenta cómo Adán rompió el pacto y llevó a la raza humana, que él representaba, al pecado y al juicio. A Noé, Abraham, Moisés y David, Dios les otorgó promesas de pacto que representaban una renovación del pacto con Adán y la promesa de un pacto mejor por venir. Ese mejor pacto, por supuesto, es el nuevo pacto en Cristo. Él vino al mundo para ser nuestro nuevo representante, para tener éxito donde Adán había fallado.

Con su muerte en la cruz, nos redimió del pecado y del juicio: la maldición adánica. En su resurrección, recibimos vida. Por lo tanto, desde la creación hasta la redención, todo el mensaje bíblico es de pacto.

Al igual que la redención, el pacto es definitivamente un tema unificador de la Biblia, pero también parece ser inadecuado para reunir toda la gama de revelaciones bíblicas. Por sí misma, la noción de pacto tiende a ser abstracta y difícil de definir. Lo que necesitamos es un tema lo suficientemente amplio como para abarcar todas las ideas bíblicas principales, un tema que incluye la redención le da el honor apropiado a Cristo como el Creador y Salvador, y también hace justicia a la centralidad del pacto.

Tal tema es el reino de Dios. En el reino de Dios, todos los otros temas principales sugeridos se incluyen y se les da el lugar apropiado. Además, el reino de Dios incluye otros temas importantes para nuestra comprensión de la Biblia, como la creación, la enseñanza bíblica sobre los ángeles y los demonios, la doctrina del juicio final y el castigo eterno. Cristo mismo sigue siendo un tema central de la Biblia porque, como Rey, es el centro del reino, su esencia misma. La redención como tema central es el drama en desarrollo de la restauración de Dios del reino a su propósito original.

Además, el tema del pacto encuentra su lugar apropiado cuando reconocemos que el pacto es la constitución del reino, la definición de la relación del Rey Celestial con Su pueblo. En la historia bíblica, reino y pacto son conceptos casi sinónimos y al menos mutuamente dependientes. El pacto define y establece el reino; El reino en su esencia es una relación de pacto extendida.

El Génesis comienza con la creación del reino de Dios y la rebelión del hombre bajo Satanás. El resto de la Biblia cuenta cómo Dios restaura el reino para sí mismo y trae al hombre de vuelta a la posición de gloria del reino que Dios diseñó originalmente para él. La historia es la historia de la guerra de Dios contra Satanás. Dios derrota a Satanás y reconstruye su reino a través de Cristo, haciendo realidad su propósito original para la creación.

El Evangelio que Cristo predicó fue el Evangelio del reino de Dios: «Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.» (Mt. 4:23; cf. 9:35; 4:17; 5: 3, 10; 6:33; 10: 7; 12:28; 13: 11ff .; 16:19, 28; 18: 3- 4; 19:14; 21:43; 24:14; 25:34). Pablo, el gran apóstol, predicó el mensaje del reino: “Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento” (Hch. 28: 30-31; cf. 14:22; 19: 8; 20:25; 28:23).

El último libro de la Biblia celebra el establecimiento eterno del reino de Dios: «El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.” (Ap. 11:15; cf. 1: 9; 12:10). Los últimos capítulos del libro de Apocalipsis describen la nueva Jerusalén, la ciudad celestial, el cumplimiento del propósito de Dios para la creación y la manifestación final del reino de Dios (Apoc. 21-22).

Cristo, como la cabeza del nuevo pacto, trae el reino de Dios cumpliendo las promesas hechas a Abraham y David, cumpliendo todo lo que Dios había diseñado para el hombre en la creación original. El intento de Satanás de destruir el reino es derrotado por el Mesías que salva al mundo y establece el reino eterno.

Por lo tanto, el reino del pacto de Dios es el tema central de la revelación bíblica. Todos los otros temas centrales sugeridos encuentran su lugar apropiado dentro de este tema, porque el pacto es la constitución del reino, Cristo es el rey, y la redención es la obra de Dios de restaurar el reino para que el hombre como vice-regente de Dios pueda cumplir su propósito original.

Capítulo dos

¿Qué es un pacto? (Parte 1)

Cuando decimos que el reino de Dios es un reino de pacto, nos referimos al hecho de que el pacto define la relación de Dios con el hombre y, por lo tanto, el pacto es la «constitución» del reino. Pero, debemos considerar más específicamente qué es un pacto. Para empezar, debemos entender la esencia del pacto, ya que a menudo se lo malinterpreta. A veces, incluso los eruditos bíblicos afirman erróneamente que la idea del pacto en la Biblia es esencialmente la misma que la idea de un contrato. Esto no es verdad. El contrato y el pacto difieren en su misma esencia. Un contrato es una relación condicional establecida para beneficio mutuo de las partes contratantes. Un contrato es un compromiso limitado, que continúa solo mientras continúe el beneficio mutuo. El pacto no es un tipo de relación contractual, limitada por el beneficio mutuo de las partes involucradas.

Para discernir la esencia de una relación de pacto, solo necesitamos considerar el libro de Deuteronomio, uno de los primeros libros de la Biblia, que enfatiza el pacto. Deuteronomio muestra claramente que la esencia del pacto es el amor. Primero, el amor de Dios por su pueblo es la base de su llamado. Luego, se les insta a responderle con amor, expresado por lealtad al pacto establecido con Dios.

«Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra. No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de Egipto. Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones; y que da el pago en persona al que le aborrece, destruyéndolo; y no se demora con el que le odia, en persona le dará el pago. Guarda, por tanto, los mandamientos, estatutos y decretos que yo te mando hoy que cumplas. Y por haber oído estos decretos y haberlos guardado y puesto por obra, Jehová tu Dios guardará contigo el pacto y la misericordia que juró a tus padres. Y te amará, te bendecirá y te multiplicará, y bendecirá el fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra, tu grano, tu mosto, tu aceite, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas, en la tierra que juró a tus padres que te daría… (Deut.7: 6-13)

En estos versículos vemos que el origen del pacto es el amor de Dios por Abraham y su simiente. Dios determinó bendecir a los hijos de Israel y hacerlos su propio pueblo. No los eligió como si estuviera recibiendo «un buen trato». No hay nada contractual aquí. En gracia, determinó amarlos y otorgarles su bendición.

Pero el amor requiere mutualidad. Es una calle de doble sentido. Entonces, Dios exige que los hijos de Israel también lo amen.

«Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.» (Deut.6: 4-5)

«Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma; que guardes los mandamientos de Jehová y sus estatutos, que yo te prescribo hoy, para que tengas prosperidad» (Deu.10: 12-13)

Como dejan en claro estos versículos, un pacto es un compromiso de amor. Dado que crea una relación fundamentalmente diferente de la relación mutua de búsqueda de beneficios de un contrato, debe establecerse de una manera diferente. En la Biblia, un pacto solo puede establecerse y sellarse mediante un juramento, que generalmente implica una ceremonia de juramento como la circuncisión (es decir, en el antiguo Israel, el acto de circuncidar a un niño constituía un juramento de pacto). El juramento es tan importante en un pacto que la palabra juramento a veces se usa como sinónimo de pacto (cf. Dt. 29:12, 14).

¿Qué es entonces un juramento? Un juramento es una promesa auto-maldita. Cuando uno hace un juramento, promete preservar la relación del pacto y sella la promesa con palabras que invocan una maldición sobre sí mismo si no cumple con su promesa. La maldición del pacto es la muerte.

Muchos cristianos pueden no darse cuenta de que una maldición es parte del voto tradicional de la boda cristiana. “Hasta que la muerte nos separe” significa “hasta la muerte”, pero incluye la idea de que nada más que la muerte puede poner fin al pacto, lo que implica la maldición de la muerte del que es desleal al juramento.

Otro aspecto del voto de boda tradicional ilustra el tipo de compromiso exigido en un pacto. Por ejemplo, decimos «en enfermedad y salud» y «para bien o para mal», lo que demuestra el hecho de que incluso si la relación resulta ser «no rentable» para nosotros, no abandonaremos a nuestra pareja por razones económicas u otras adversidades. El amor conyugal es abnegado. No hay base para disolver la relación a menos que uno de los que hizo el voto la traicione y socava toda la relación. La enfermedad, la pobreza o una personalidad desagradable no pueden deshacer el juramento. En el matrimonio, cada persona hace un juramento para entregarse sacrificadamente a la otra, sin pensar en beneficio personal.

La ilustración de la boda es especialmente apropiada, ya que la relación de Dios con Israel se compara con la relación de esposo a esposa (Ezequiel 16). Mientras Israel sea fiel al amor del pacto, y “fiel” aquí no significa perfección sin pecado, sino más bien fe y amor arrepentidos, Dios nunca la abandonará ni la abandonará. Su compromiso de bendecirla no puede ser sacudido.

Pero no es en la relación de Dios con Israel que vemos el significado completo del amor, porque la Biblia no revela el significado completo del amor de pacto hasta el advenimiento de Cristo. Es en la relación entre Cristo y el Padre, que primero vemos que el amor de pacto es la comunión eterna del Padre, el Hijo y el Espíritu.

«Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado esté en ellos, y yo en ellos.» Juan 17: 24-26

En la relación de Cristo y el Padre, entendemos que las palabras de Juan «Dios es amor» tienen un significado trinitario. Dios es amor porque el Padre, el Hijo y el Espíritu comparten un amor eterno el uno para el otro. Cada una de las tres personas de la Trinidad se dedica por completo a bendecir y glorificar a la otra (cf. Juan 7:18; 8:50, 54; 11: 4; 12:28; 13: 31-32; 14:13; 16: 14; 17: 1, 4, 5, 22, 24). Dios mismo en la comunión del amor trinitario es el reino supremo, y la relación entre las Personas de la Trinidad es el verdadero pacto.

Esto tiene un profundo significado para la historia bíblica de la creación y la redención. Dios creó el mundo como su reino para manifestar su gloria (cf. Sal. 8, 19). Dado que las tres personas de la Trinidad constituyen un reino de pacto de amor, el mundo creado también es un reino de pacto sobre el cual Dios puso a Adán y Eva a gobernar. Su regla debía basarse en el amor a Dios y a los demás. Debían proteger el mundo creado y cuidarlo para que fructificara para la gloria de Dios (Génesis 2:15). La caída del hombre fue un rechazo del amor de Dios y un rechazo del camino del amor entre los hombres. La violencia del mundo anterior al diluvio es el clímax de la rebelión de la caída y el resultado lógico del rechazo del amor de Dios.

La redención significa la restauración del propósito del pacto de Dios. El hombre es restaurado a su llamado original como la imagen de Dios, lo que significa que el hombre es llamado nuevamente a la comunión del amor de pacto del Padre, Hijo y Espíritu. El mundo creado también debe ser restaurado a su propósito original de revelar la gloria de Dios a través de la administración del pacto de la imagen de Dios.

El reino de la justicia y el amor debe hacerse realidad históricamente para que la mentira de Satanás y la tentación en el Jardín puedan ser completamente derrotadas para la gloria de Dios. La redención encuentra su cumplimiento en el reino de Dios. Dios ha derramado su amor de pacto sobre nosotros en Jesucristo para que a través de la fe en Él podamos ser recreados como sus hijos y traídos a una eterna hermandad de amor.

La Biblia es la historia del reino del pacto de Dios: su creación, su corrupción por el pecado y la locura, y la redención graciosa de Dios de ese reino para alabanza de la gloria de Su gracia. El tema central de la Biblia, el reino del pacto de Dios revela la naturaleza del Dios Triuno como un Dios de amor que ha llamado al hombre a una comunión de amor consigo mismo.

Capítulo tres

¿Qué es un pacto? (Parte 2)

La esencia del pacto de Dios es el amor, pero la idea de un pacto también implica una relación formal. El compromiso mutuo de una relación de amor a veces se expresa en una forma legal que hace explícitas las obligaciones del amor. Un pacto es un compromiso de amor así de formal.

Nuevamente, la analogía del matrimonio es útil. El hecho de que un voto de boda sea una ceremonia legal no resta valor al amor que expresa. Por el contrario, si un hombre profesa amar a una mujer, pero se niega a asumir obligaciones legales, la realidad de su amor es dudosa en el mejor de los casos.

El amor de Dios por el hombre se expresa en la forma legal de un pacto en el que Dios asume obligaciones sobre sí mismo y llama al hombre a ser fiel al pacto. El pacto, por lo tanto, tiene una estructura clara y puede expresarse en lenguaje legal formal.

El libro de Deuteronomio, el libro del pacto de amor nos proporciona nuestra comprensión del pacto. Todo el libro es un documento de pacto, estructurado en términos de un esquema de cinco puntos que se utiliza en toda la Biblia para definir el pacto.

Ray Sutton explica el bosquejo de Deuteronomio de la siguiente manera:

Trascendencia (Deut. 1: 1-5). El pacto comienza con un reconocimiento del señorío absoluto de Dios. Él otorga el pacto. Él es el rey absoluto.

Jerarquía (Deut. 1: 6-4: 49). En esta sección de Deuteronomio, Moisés describe la historia de Israel en términos de la guía y bendición de Dios. Dios le dio a Israel líderes, representantes del pacto. Cuando Israel fue fiel a Dios, ella obedeció a sus líderes.

Ética (Deut. 5-26). La sección central del pacto define cómo debe vivir el pueblo de Dios para que pueda ser su nación santa. La relación de Dios con su pueblo es una relación ética. Deben ser justos para disfrutar de las bendiciones del pacto.

Juramento (Deut. 27-30). El pacto promete bendiciones para quienes obedecen la ley y maldiciones para quienes se rebelan. Cuando el pueblo de Dios hace el juramento del pacto, le piden a Dios que los maldiga si desobedecen y que los bendiga si obedecen.

Sucesión (Deut. 31-34). La sección final del pacto se refiere a los herederos de las bendiciones del pacto. Dios tiene la intención de que el pacto continúe de generación en generación en familias piadosas. Entrenar a los niños para que sigan a Dios y trabajar para transmitir la bendición al futuro es esencial para la verdadera obediencia del pacto.

Por supuesto, el esquema de cinco puntos no es el único esquema del pacto que tiene validez bíblica. James Jordan, en un estudio inductivo de Levítico y Deuteronomio, sugiere que tres veces (Trinidad), cuatro (fundación del mundo), cinco (construcción), seis (hombre), siete (día de reposo – shabbat), diez (ley) y doce (personas del pacto) también son posibles organizaciones del material del pacto. Sin embargo, aunque Jordan no cree que la división del pacto en cinco partes tenga ninguna prioridad real sobre otros esquemas posibles, muestra que Moisés usa con más frecuencia un esquema de cinco puntos y que no es una invención arbitraria de los expositores.

Además, los diez mandamientos, según North, Sutton y Jordan, están estructurados como una repetición doble del esquema del pacto de cinco puntos.

  1. El primer mandamiento, al enseñar que solo Dios debe ser adorado, nos llama a honrar al Creador y Redentor trascendente. Al prohibir el asesinato, el sexto mandamiento protege la imagen del Dios trascendente.
  2. El segundo mandamiento y el séptimo están relacionados en toda la Biblia en relación con la idolatría y el adulterio. Ambos pecados son perversiones de sumisión al orden ordenado por Dios.
  3. La tercera sección del pacto, la ética, tiene que ver con los límites, que también es el punto del octavo mandamiento: «No robarás». El tercer mandamiento exige que usemos el nombre de Dios con rectitud: un llamado a obedecer su ley mediante la cual mostramos la gloria de su nombre en nuestras vidas.
  4. El cuarto y el noveno mandamientos están relacionados con las sanciones, ya que el sábado es un día de juicio en el que el hombre lleva sus obras a Dios para su evaluación; La orden de no dar testimonio falso nos ve en la sala del tribunal que participa en el proceso judicial.
  5. Los mandamientos quinto y décimo corresponden a la quinta parte del pacto, herencia / continuidad. En el quinto, a los hijos, los herederos a ser, se les dice cómo obtener una herencia en el Señor. En el décimo, se nos prohíbe codiciar, un pecado que conduce a la destrucción de la herencia en más de un sentido.

Hemos visto que el esquema de cinco puntos del pacto es 1) en realidad el esquema de Deuteronomio, 2) usado repetidamente en Levítico y Deuteronomio, y 3) el esquema estructural de los diez mandamientos. Por lo tanto, puede usarse como una herramienta para la exégesis bíblica y relacionar el pacto con los detalles concretos de la vida diaria. Jordan enumera los cinco puntos en términos generales que aclaran las implicaciones más amplias de cada punto.

  1. Iniciación, anuncio, trascendencia, vida y muerte, idolatría del pacto
  2. Reestructuración, orden, jerarquía, idolatría litúrgica, protección de la novia.
  3. Distribución de una subvención, incorporación, propiedad, derecho en general como mantenimiento de la subvención.
  4. Implementación, bendiciones y maldiciones, testigos, juicios sabáticos.
  5. Sucesión, mejoras artísticas, respeto por los mayordomos, codicia.

Utilizaremos este esquema de cinco puntos del pacto para ayudar a analizar los diversos pactos en la Biblia para que podamos obtener una comprensión detallada de cada era del pacto. Si bien la estructura general del pacto es la misma, la revelación del pacto crece con el tiempo. Para ver las implicaciones del pacto para cada época y observar el crecimiento del pacto, es útil considerar cada punto en cada pacto bíblico.

Como veremos, el primer punto, el señorío del Dios Triuno, es esencialmente el mismo en cada pacto. Sin embargo, Dios se revela en cada pacto de diferentes maneras para que su pueblo llegue a una comprensión más profunda de él. El segundo punto se refiere al sistema representativo establecido en la tierra. En cada época hay representantes en la iglesia, el estado y la familia que son líderes designados por Dios para su pueblo, pero los detalles del sistema cambian en diferentes edades. El tercer punto cubre los comandos detallados para la vida diaria que Dios le da a su pueblo. Estos también varían de una época a otra, aunque el corazón de la justa demanda de la ley de Dios no cambia. La justicia siempre significa amor, y las obligaciones específicas del amor están definidas por la naturaleza de la relación personal, por ejemplo, padre-hijo, esposo-esposa, hermano-hermano, etc. El cuarto punto, las bendiciones y las maldiciones, varía, dependiendo de la situación real del pueblo de Dios. Además, el cuarto punto trata de las ceremonias del pacto, nuestra renovación del juramento del pacto, cuyos detalles cambian mucho de un pacto a otro. El quinto punto que se ocupa de la herencia varía con los puntos segundo y cuarto de acuerdo con la situación del pacto del pueblo de Dios. Antes de analizar cada época del pacto en detalle, es importante comprender la estructura general del pacto de la Biblia.

Lección 11 – El Pentateuco

E1 término Pentateuco (pente significa cinco; así que Pentateuco significa «cinco rollos») se refiere a los primeros cinco libros del Antiguo Testamento. También se les llama «Tora» o «Ley» porque desde antiguo los judíos han respetado esta obra en cinco volúmenes como su Ley. A veces se les llama los «Cinco libros de Moisés», por ser éste su personaje sobresaliente y haber sido el gran legislador de Israel por más de cuarenta años.

Estos libros enfocan los principales hilos de la revelación a los hebreos: En Génesis tenemos la revelación a Abraham, Isaac, Jacob y José (los patriarcas o «padres») con la creatividad de Dios y el pecado del hombre como trasfondo. En Éxodo hallamos una doble revelación: la libertad de los cautivos en Egipto y la dación de la Ley en el monte Sinaí. Levítico plantea claramente la enseñanza y la necesidad de vivir santamente. En Números Dios guía a su pueblo en su marcha hacia la Tierra Prometida. En Deuteronomio, Moisés recapitula el mensaje de Dios en cuanto a ley e historia hasta aquel momento, y se repiten los Diez Mandamientos (capítulo 5). En todo esto Dios se manifestó mediante reales actos históricos; por consiguiente, no es maravilla que, más que cualquier otro pueblo de la antigüedad, los judíos hayan tomado en serio la historia. Repetimos que en el acontecer histórico Dios se manifestó a su pueblo.

Hasta tiempos modernos todos los cristianos y los judíos creían que Moisés era el autor de la mayor parte o de todo el Pentateuco. Éxodo 24.4; Deuteronomio 31.9,24-26, por ejemplo, lo señalan como autor de porciones del Pentateuco. Algunos pasajes posteriores (e.g. Josué 1.7,8; 1 Reyes 2.3; 2 Crónicas 34.14) reconocen a Moisés como autor de la Ley. Además, el Nuevo Testamento da por sentada dicha paternidad (e.g. Lucas 24.27,44; Juan 1.45; Hechos 28.23). En ninguna parte dice la Biblia que Moisés haya escrito todo el Pentateuco. Por ejemplo, él no escribió el relato de su muerte al final de Deuteronomio. Pero hoy día algunos sostienen la tesis de que varias personas, y quizá muchas, participaron en la producción y redacción de los primeros cinco libros del Antiguo Testamento. Dicha tesis ha sido combatida, especialmente en los círculos conservadores. Pero lo que resulta claro es que hubo fuentes escritas en que se basó el Pentateuco (e.g. «El libro de las batallas de Jehová», Números 21.14). Moisés, hombre ilustrado capaz de apreciar el valor de las relaciones escritas, bien puede haber recogido los registros genealógicos y de otra índole, para unirlos a lo revelado por Dios (e.g. la Creación) tejiéndolos en forma de narración continua. En resumen, esa es la tesis actual respecto a Moisés como autor.

Génesis

Autor y fecha

Véase «Pentateuco», al comienzo de este capítulo.

Destinatarios

El pueblo de Israel.

Versículos clave

Génesis 12.1-3: «Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré y serán benditas en ti todas las familias de la tierra».

Propósito y tema

Génesis es una palabra griega que significa «origen» o «comienzo». Es un título apropiado para el libro que narra en lenguaje religioso el origen del cielo, la tierra, el hombre, el pecado, la muerte y los judíos.

El título del libro indica el propósito del mismo: relatar el comienzo. Los primeros once capítulos presentan el origen de la historia universal desde Adán hasta Noé. Del capítulo 12 al 50 trata la historia de los patriarcas hebreos (los padres) desde Abraham hasta José.

El Dios único es el Creador de todo (capítulo 1). El hombre fue el acto que coronó la creación. El pecado fue la gran desobediencia del hombre (capítulos 2, 3). La característica del pecado del hombre es que donde hay orgullo hay resistencia a la autoridad: rebelión. Dicha rebelión es básicamente contra Dios, y como tal (puesto que Dios es justo) cae bajo el juicio divino: tenemos así el diluvio de los capítulos 6—9. Pero, después de castigado, el hombre persistió en su pecado (capítulo 11); tal es la condición del hombre que, aunque se le castigue, y aunque sepa lo que debe hacer, peca. Pero si el carácter del hombre lo impele a pecar a despecho de su conocimiento, el carácter de Dios es el ser misericordioso a despecho de la persistencia del hombre en el pecado. En el lenguaje teológico al favor inmerecido de Dios se llama «gracia», la cual es, en cierto sentido, el verdadero mensaje de la Biblia desde Génesis hasta Apocalipsis. Aunque Adán y Eva habían pecado, aunque Caín había matado a su hermano Abel, aunque la humanidad había desobedecido a Dios, mediante Noé, Él salvó a un remanente. En Abraham, ese remanente llegó a ser el pueblo electo, el Israel de Dios, y se prolonga hoy día en quienes verdaderamente se identifican con la iglesia. Por medio de Abraham y los elegidos de los tiempos bíblicos, Dios había de proveer el gran liberador Moisés y el gran Libertador Jesús. También José es símbolo de liberación: si bien sus hermanos lo trataron cruelmente, él los salvo de una muerte de hambre inminente mientras reinaba en Egipto.

El hombre pecó; Dios juzgó, redimió y dio nueva vida. Estos potentes actos se revelan en la creación, el diluvio, la vida de Abraham y de los padres judíos. Los salvadores actos de Dios son el tema de Génesis y de la Biblia en conjunto.

Bosquejo

DE ADÁN A NOÉ: COMIENZO DE LA HISTORIA (capítulos 1—11)

Creación universal (capítulo 1)

Adán y Eva; la Caída (capítulos 2—3)

Caín y Abel, primer homicidio, descendientes de Adán (capítulos 4—5)

Noé, el diluvio, el Pacto del arcoíris (capítulos 6—9)

Comienzo de las naciones (capítulo 10)

Comienzo de los idiomas, de Sem a Abraham (capítulo 11)

DE ABRAHAM A JOSÉ: LOS PADRES HEBREOS (capítulos 12—50)

Abraham (capítulos 12—25)

Isaac y los gemelos Jacob y Esaú (capítulos 26—36)

José (capítulos 37—50)

Éxodo

Autor y fecha

Véase «Pentateuco» al comienzo de este capítulo.

Destinatarios

El pueblo de Israel.

Versículos clave

Éxodo 3.8: «Y he descendido para librarlos de manos de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel…»

Propósito y tema

El título de «Éxodo» procede de la traducción griega del Antiguo Testamento (conocida como Septuaginta), y significa «salida» o «partida». Es un nombre adecuado para el libro que narra la historia de la partida de los judíos de Egipto atravesando el desierto de Sinaí rumbo a la tierra prometida, historia que continua en los dos libros siguientes del Pentateuco.

Moisés es el gran personaje en torno al cual ocurren los sucesos del Éxodo. Al comienzo del libro aparece como niño de cuna, crece hasta ser jefe de los israelitas cuando estos salen de Egipto y vagan por el desierto, y es a él a quien se da la Ley. De su grandeza en la historia no cabe duda. Tampoco cabe dudar de la grandeza de los dos acontecimientos centrales del libro: (1) la liberación del cautiverio egipcio y (2) la dación de la Ley. Estos dos acontecimientos han resultado significativos para la historia judíocristiana. En ellos se reveló Dios; constituyen ejemplos adicionales de sus actos salvadores.

El Éxodo significó liberación, y hasta el día de hoy lo celebran los judíos en la Pascua (véase «Días sagrados y fiestas»); de igual modo la Ley, cuya esencia son los Diez Mandamientos, es suma y sustancia de moralidad para los judíos. También para los cristianos el Éxodo y la Ley son esenciales: Cristo en la cruz es el Cordero Pascual, que conmemoramos en la Cena del Señor experimentamos al ser liberados del pecado, así como los hijos de Israel fueron liberados de Egipto. Los Diez Mandamientos forman la base de las leyes y para el cristiano el amor al prójimo es «el cumplimiento de la ley» (Romanos 13.8-10).

Bosquejo

Una curiosidad es que el libro de Éxodo consta de cuarenta capítulos, el mismo número de años de la peregrinación por el desierto. Los cuarenta capítulos se dividen en tres partes: Historia, Ley, Adoración.

HISTORIA: LIBERACIÓN DE EGIPTO (capítulos 1—18)

Israel en el cautiverio egipcio (capítulo 1)

Moisés llamado a ser liberador (capítulo 2—4)

Faraón, Moisés, las diez plagas (sangre, ranas, piojos, pulgas, morriña, úlceras, granizo, langostas, tinieblas, muerte), la Pascua (capítulos 5—12)

Comienza la peregrinación, paso del Mar Rojo (capítulos 13— 14)

Dios provee: Cántico, agua potable, codornices, maná, victoria (sobre Amalec), consejo (de Jetro, suegro de Moisés) (capítulos 15—18)

LEY: DADA EN EL MONTE SINAÍ (capítulos 19—34)

La Ley dada a Moisés, los Diez Mandamientos (capítulos 19— 31)

La Ley quebrantada por el pueblo, el becerro de oro, las tablas rotas (capítulo 32)

La Ley restaurada, las segundas tablas (capítulos 33—34)

Levítico

Autor y fecha

Véase «Pentateuco», al comienzo de este capítulo.

Destinatarios

Los hijos de Israel, Aarón y sus descendientes.

Versículo clave

Levítico 20.26: «Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos».

Propósito y tema

Este libro se escribió primariamente para que el pueblo judío comprendiera claramente qué significa vivir santamente. Bosqueja las leyes que rigen la vida santa, y da instrucciones al sacerdocio. La tribu de Leví estaba dedicada al sacerdocio; de ahí el término «sacerdocio levítico». (El título «Levítico» significa «el libro de los levitas».) Los sacerdotes estaban encargados del culto público y la adoración se relaciona evidentemente con la vida santa. El sacerdocio del Antiguo Testamento tiene la esperanza puesta en el Gran Sumo Sacerdote (Jesucristo) del Nuevo.

Como el propósito del libro era instar al pueblo a vivir santamente y adorar en santidad en presencia del santo Dios, ciertas palabras como «santo», «santificar», «santuario», se emplean más de cien veces. La palabra «santificar» significa al pie de la letra «apartar» para el propósito de Dios.

El sistema de sacrificios con sus ofrendas y oblaciones se menciona docenas de veces. Subraya la expiación, así como la limpieza espiritual; en realidad, expiación y santidad son las ideas clave para comprender este libro. El Levítico deja claro que el modo adecuado de allegarse a Dios es por medio del sacrificio (capítulos 1—7), y este énfasis apunta hacia la derramada sangre de Jesucristo en el Calvario. La santidad del pueblo de Dios se subraya en los capítulos 1—27.

Bosquejo

FORMAS DE ALLEGARSE A DIOS (capítulos 1—10)

Mediante el sacrificio: ofrendas de alimentos y animales (capítulos 1—7)

Mediante agentes: los sacerdotes (capítulos 8—10)

FORMAS DE VIDA SANTA DELANTE DE DIOS (capítulos 11—24)

Respecto a alimentos (capítulo 11)

Respecto a la maternidad (capítulo 12)

Respecto a la lepra (capítulos 13—14)

Respecto a la vida privada (capítulo 15)

Respecto a la adoración y el día de expiación (capítulos 16— 17)

Respecto a relaciones humanas de laicos y sacerdotes (capítulos 18—22)

Respecto a los siete «días» (o períodos) santos: Pascua, panes sin levadura, primeros frutos, ofrenda encendida, trompetas, día de expiación, tabernáculos (véase «Fiestas y días sagrados») (capítulo 23)

Respecto al aceite y los panes de la proposición (capítulo 24)

FORMAS DE EXPRESIÓN ÉTICA: LEYES Y VOTOS (capítulos 25-27)

Años sabático (séptimo) y del jubileo, los pobres, promesas y advertencias (capítulos 25-26)

Votos al Espíritu Santo (capítulo 27)

Números

Autor y fecha

Véase «Pentateuco», al comienzo de este capítulo.

Destinatarios

El pueblo y sacerdotes de Israel.

Versículos clave

Números 1.2-3: «Tomad el censo de toda la congregación de los hijos de Israel por sus familias, por las casas de sus padres, con la cuenta de los nombres, todos los varones por sus cabezas. De veinte años arriba, todos los que pueden salir a la guerra en Israel, los contaréis tú y Aarón por sus ejércitos».

Números 14.19: «Perdona ahora la iniquidad de este pueblo según la grandeza de tu misericordia, y como has perdonado a este pueblo desde Egipto hasta aquí».

Propósito y tema

El propósito de este libro es histórico. Narra los 40 años de peregrinación por el desierto. Registra el censo de unas dos generaciones (el título «Números» —en griego arithmoi— se emplea porque numera las generaciones de los judíos durante la peregrinación por el desierto). El termino «desierto» se emplea unas 45 veces en el libro. Dios disciplinó a su pueblo en los cuarenta años de peregrinación, porque ellos pecaron con su incredulidad y desobediencia. Pero se revelan en forma poderosa el cuidado y guía de Dios. Aunque Israel se rebeló, Dios jamás quebrantó su pacto; fielmente los guió a Canaán, la tierra prometida a los padres de Israel. Israel es infiel; Dios es fiel. Pero en todo esto no se empaña la santidad de Dios. Las normas para purificarse antes de presentarse ante Dios, destacan vívidamente la santidad del Señor. Su castigo a los judíos idólatras (capítulo 25) pone aun más de relieve su justicia y santidad. El Dios santo es el Dios fiel y guiador del pacto.

Bosquejo

EL CENSO EN EL SINAÍ: PREPARACIÓN PARA EL VIAJE (capítulos 1—9)

Organización: recuento del pueblo, las tribus preparadas y ordenadas (capítulos 1—2)

Instrucciones a los levitas, ritos, ofrendas (capítulos 3—8)

Celebración del primer aniversario de la Pascua (capítulo 9)

VIAJE DESDE EL SINAÍ A CADES-BARNEA (capítulos 10 — 12)

Comienza el viaje (capítulo 10)

Murmuraciones, y el castigo de Dios (capítulos 11—12)

ERRANTES POR EL DESIERTO (capítulos 13—20)

Los espías informan negativamente sobre la «Tierra Prometida» (capítulo 13)

Israel rehúsa entrar en la tierra; el castigo de Dios; cuarenta años de experiencia en el desierto (capítulo 14)

Instrucciones para entrar en la «Tierra Prometida» (capítulo 15)

Sucesos clave hasta la muerte de Aarón: rebelión de Coré, florecimiento de la vara de Aarón, instrucciones a los levitas, regreso a Cades-Barnea, pecado de Moisés, muerte de Aarón (capítulos 16—20)

VIAJE DE CADES-BARNEA AL JORDÁN (capítulos 21—36)

Murmuraciones y pecados, pero al final, victoria; la serpiente de bronce. Balaam, inmoralidad (capítulos 21—25)

Nuevo censo, Josué elegido como sucesor de Moisés (capítulos 26—27)

Ofrendas y votos (capítulos 28—30)

Victoria de Israel sobre los medianitas (capítulo 31)

Organización tribal y ubicación geográfica, se recapitula la peregrinación, ciudades de refugio (capítulos 32—36)

Deuteronomio

Autor y fecha

Véase «Pentateuco», al comienzo de este capítulo.

Destinatarios

Los hijos de Israel.

Versículo clave

Deuteronomio 10.12-13: «Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y toda tu alma; que guardes los mandamientos de Jehová y sus estatutos, que yo te prescribo hoy, para que tengas prosperidad?»

Propósito y tema

El título «Deuteronomio» significa en griego «repetición de la Ley». A la nueva generación que está a punto de entrar en Canaán, se le da la Ley, interpretada y ampliada. Reiteradamente se le previene guardar la Ley y seguir en pos de Dios. Verbos como «guardar», «seguir», «poner por obra» aparecen decenas de veces en Deuteronomio. Moisés subraya lo que ocurre a la gente cuando ésta desobedece a la Ley (tragedia), y el fruto que reciben cuando cumplen la Ley (bendiciones de justicia).

Es un libro muy conmovedor, porque en él se halla el mensaje final de Moisés a los hijos de Israel, poco antes que éstos cruzaran el Jordán para entrar en la Tierra Prometida. Narra los acontecimientos finales de la vida y ministerio de Moisés. En dos grandes partes puede dividirse en forma natural este libro: capítulos 1—30, mensajes finales de Moisés; y capítulos 31—34, últimos sucesos de la vida y ministerio de Moisés.

Bosquejo

MENSAJES FINALES DE MOISÉS (capítulos 1—30)

Mensaje I: Desde Horeb hasta las llanuras de Moab, el viaje visto retrospectivamente (capítulos 1—4)

Mensaje II: Repetición y explicación de los Diez Mandamientos, con la adición de «Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas» (6.5) (capítulos 5—26)

Mensaje III: Mensaje (bendiciones y maldiciones, obediencia y desobediencia) para dramatizar: la mitad del pueblo de pie en el monte Ebal, y la otra mitad en el monte Gerizim, hablándose y respondiéndose recíprocamente (capítulos

27—30)

FIN DE LA VIDA DE MOISÉS: SUCESOS FINALES (capítulos 31—34)

Con 120 años de edad, Moisés está listo para morir, y amonesta a Israel, «esfuérzate y anímate» (vv. 6,7,23) (capítulo 31)

Moisés entona su cántico de despedida (capítulo 32)

Moisés bendice a Israel (capítulo 33)

Últimos sucesos en la vida de Moisés, y su muerte (capítulo 34)

Lección 10 – El Canon

La palabra «canon» procede del griego «kanon», que significa «nivel» o «regla» empleados por el constructor o por el escribano.

En sentido figurado el canon puede referirse a la norma o regla de conducta o fe, a una lista o catálogo de lo que puede o no hacerse o creerse. En sentido figurado también llegó a significar una lista de libros de la Biblia. Atanasio, en el siglo IV, fue el primero en usar el término en este sentido.

Los apócrifos

Los apócrifos son los catorce o quince libros, o añadiduras a ciertos libros, que no se encuentran en el canon hebreo, y sí en el canon alejandrino (la Septuaginta). La mayoría de ellos son aceptados por la iglesia católica como parte de la Biblia. Debe insistirse en que no se encuentran en el Antiguo Testamento hebreo, sino que fueron añadidos a la traducción griega conocida como Septuaginta (LXX). El canon alejandrino fue siempre más o menos variable en cuanto a los libros que incluía, mientras el canon hebreo es más fijo y estable. La Septuaginta nos da la única fuente de que disponemos en cuanto al canon alejandrino. El orden general de los libros de la Septuaginta, que nos llega a través de la Biblia latina (Vulgata) de Jerónimo, ha sido aceptado por los protestantes. (De la LXX y de la Vulgata también provienen muchos de los títulos de los libros bíblicos que conocemos.) Se han empleado el texto y la selección hebreas, pero ni el texto ni la selección de libros per se de la Septuaginta se han retenido. (Respecto a la «Septuaginta», véase el capítulo sobre «Manuscritos y versiones antiguas».) Esto no quiere decir que el canon alejandrino carezca de valor, sino que era menos estable que el hebreo. En vista de esto, Lutero relegó los apócrifos a una sección separada en su Biblia; decía que eran «buenos y útiles para leer», pero no como base para la doctrina. Calvino excluyó por completo los apócrifos. La Iglesia de Inglaterra sigue el ejemplo de Lutero; en el sexto de los Treinta y Nueve Artículos, se insta a leer los apócrifos «en cuanto a ejemplo de vida e instrucción de modales, pero sin aplicarlos a fundar ninguna doctrina». La Sociedad Bíblica de las Islas Británicas no puede incluir los apócrifos en sus ediciones de la Biblia; lo impiden los estatutos de la entidad. Pero los apócrifos están incluidos en algunas versiones protestantes en inglés. Los editores de esas versiones a menudo han impreso los apócrifos en volúmenes separados de los sesenta y seis libros, siguiendo así la opinión general de Lutero y el anglicanismo. Es interesante notar que entre los Rollos del Mar Muerto se han encontrado pruebas de que algunos de los libros apócrifos existían en hebreo (por ejemplo, porciones del Eclesiástico).

La Reforma mantuvo el principio de que la Biblia, y solamente ella es el medio de información, doctrina y ética. Los reformadores, según queda indicado, rechazaron los apócrifos como parte de la Biblia. ¿Por qué? Porque contienen doctrinas falsas como la justificación del suicidio, la oración por los muertos, la limosna como medio de expiar el pecado, que el fin justifica los medios, supersticiones y magia. Además, ni uno solo de los escritores del Nuevo Testamento cita porción alguna de los apócrifos, hecho que constituye un vigoroso argumento en pro de la tesis protestante.

Cuando la iglesia romana convocó al Concilio de Trento (1546) para combatir la Reforma, uno de sus importantes actos fue reconocer formalmente los apócrifos. Nunca se les había otorgado reconocimiento oficial; al contrario, desde los días de Jerónimo en el siglo IV se habían expresado dudas sobre los mismos. Jerónimo acudió a los textos hebreo, griego y latino antiguo para producir una traducción más al día; y él, igual que Lutero, relegó los apócrifos a sitio aparte. Además, la premura con que tradujo los libros dudosos indica la poca significación que les otorgaba. Desdichadamente, Jerónimo tenía poca autoridad eclesiástica. Aunque era un gran erudito bíblico y lingüístico, los teólogos, como Agustín en África, tenían más poder eclesiástico, y en la parte del mundo de Agustín el contenido de la Biblia griega obtuvo apoyo general. De modo que el códice alejandrino salió triunfante e imperó hasta la Reforma. La iglesia romana continúa apoyando los apócrifos como parte de la Palabra de Dios, si bien hay eruditos católicos que actualmente tienden a describir los libros apócrifos como «deuterocanónicos» (secundarios).

Los pseudoepígrafos y los llamados apócrifos del Nuevo Testamento

Los pseudoepígrafos (falsas escrituras) son libros antiguos que datan de los últimos siglos antes de Cristo y los primeros de nuestra era. Para ganar prestigio, y no porque fueran de verdad sus autores, se les dio el nombre de grandes personajes judíos (Enoc, Moisés, Isaías). De allí que se les llame falsos (pseudo). Ni los protestantes ni los católicos romanos los han considerado nunca parte de la Biblia. La mayoría de estos libros se escribieron antes del tiempo de Cristo y son de naturaleza apocalíptica. Presentan un cuadro feliz del futuro de los judíos. Los pseudoepígrafos precristianos incluyen los siguientes:

Libro de Enoc (mencionado en Judas)

Secretos de Enoc (citado en Judas)

Ascensión de Isaías

Apocalipsis de Sofonías

Apocalipsis de Esdras

Testamento de Adán

Apocalipsis de Baruc

Asunción de Moisés (Patriarcas)

Testamento de los Doce

De los libros posteriores a Cristo, varios circulaban en medios religiosos. Pretendían tener valor histórico, diciendo dar datos no sobre la Escritura misma, sino sobre los discípulos, María la madre de nuestro Señor, la niñez de Jesús, su resurrección, etc. En su mayoría las historias son legendarias e imaginarias, pero hay trazas de información aquí y allí que se consideran auténticas. He aquí algunos de los apócrifos del Nuevo Testamento:

Evangelio de Santiago

Evangelio de Pablo

Evangelio de Pedro

Hechos de Juan

Evangelio según los Hebreos

Historia de José

Evangelio del Nacimiento de María

Evangelio de Nicodemo (o Hechos de Pilato)

Hechos de Pedro

Hechos de Andrés

Hechos de Tomás

Apocalipsis de Pedro

Apocalipsis de Pablo

Epístolas de los Apóstoles

Es interesante observar que los libros apócrifos neotestamentarios o pseudoepígrafos pueden clasificarse en las mismas categorías que nuestro Nuevo Testamento auténtico: Evangelios, Hechos, Epístolas, Apocalipsis. Fascinantes trazas de «información» se dan en estos libros. Ejemplo:

  1. Jesús nació en una cueva (Evangelio de Santiago). (Estoprobablemente sea cierto. El sitio tradicional de su nacimiento es una cueva encima de la cual está edificada la iglesia de la Natividad, en Belén, una de las más antiguas iglesias del mundo.)
  2. Pablo era un hombre pequeñito, ligeramente calvo, con laspiernas arqueadas, cejijunto y de nariz un tanto aguileña (Hechos de Pablo). También esto está bastante apoyado por la tradición.
  3. El hombre de la mano seca de Mateo 12.13 era albañil.
  4. Los hermanos de Jesús eran hijos de José, tenidos con otraesposa.
  5. El soldado que hirió al crucificado se llamaba Longino.
  6. La mujer del flujo de sangre se llamaba Verónica.

Datos adicionales sobre los pseudoepígrafos pueden verse en la gran edición de R. H. Charles y M. R. James, Apocryphal New Testament.

Fijación del canon

Los libros sagrados como los que hemos discutido circularon durante un período junto con los libros de la Biblia; pero con el tiempo, los mejores fueron seleccionados bajo la orientación del Espíritu Santo. Aunque sobre el canon hebreo no hubo resolución oficial hasta el Concilio de Jamnia, allí por el año 90 D.C., en la práctica ya había sido fijado antes de Cristo. Los cristianos tomaron el Antiguo Testamento como parte de la Biblia. El canon del Nuevo Testamento se fijó en su parte principal como a fines del siglo II D.C. Pero aún después de esto hubo incertidumbre durante largo tiempo respecto a los últimos cinco o seis libros del Nuevo Testamento. La primera lista de nuestros veintisiete libros, tal como hoy la conocemos, fue formulada por Atanasio en 367 D.C. en su epístola de Pascua de Resurrección.

Debo agregar algo más: no todos los cánones cristianos que hay por el mundo son iguales. El canon católico romano (igual que el católico griego) ya se ha citado. La iglesia etíope incluye los libros de Enoc (citado en Judas) y Jubileos. Algunos cristianos de la iglesia siriaca excluyen 2 Pedro, 2 y 3 Juan, Judas y Apocalipsis.

División en capítulos (1250 D.C.)

No fue sino hasta 1250 D.C. que se dividió la Biblia en capítulos. Por entonces el cardenal Hugo incorporó divisiones por capítulos en la Biblia latina. Lo hizo por comodidad, aunque sus divisiones no siempre fueron acertadas; sin embargo, esencialmente las mismas divisiones por capítulos han persistido hasta el presente.

División en versículos (1551)

Los antiguos hebreos ya habían intentado la división por versículos, pero la división que hoy tenemos se hizo trescientos años después de la división por capítulos realizada por el cardenal Hugo. En 1551, Roberto Stephens (Robert Etienne) introdujo un Nuevo Testamento griego con la inclusión de divisiones por versículos. El Antiguo Testamento quedó sin dividir. La primera Biblia completa en inglés con división en versículos fue la Biblia de Ginebra (1560). La división en capítulos y versículos en inglés y en español no siempre es exacta, según puede verse por ejemplo en Hechos 7, que al final interrumpe la historia para comenzar el capítulo 8. Esto se ha subsanado en parte en la Revisión de 1960 de la versión Reina-Valera, al subdividir el contenido con subtítulos que indican los temas, de modo que en el capítulo 8 mencionado hay un subtítulo al comienzo del versículo 4 para indicar un nuevo tema.

Números de capítulos, versículos y palabras

El siguiente cuadro indica el número de capítulos y versículos de los libros de la Biblia, Revisión e 1960, Reina-Valera.


Lección 9 – Primeros hechos respecto a la Biblia

Qué significa «Biblia»

La palabra «Biblia» procede del griego «biblia» (libros). El singular es «biblíon»; «biblos» es una forma de biblíon, y significa simplemente cualquier clase de documento escrito. Originalmente biblos significaba un documento escrito en papiro, una clase de papel fabricado con una planta egipcia (véase «Plantas» y el capítulo sobre «Manuscritos y versiones antiguos»). Al antiguo puerto fenicio de Gebal (cerca del moderno Jebeil, unos 40 kilómetros al norte de Beirut) los griegos le cambiaron el nombre por Biblos (Biblus) porque era una ciudad famosa por la fabricación de papiros para escribir. Además, los habitantes de Biblos se hallan entre los primeros que iniciaron la evolución de la escritura e inventaron uno de los primeros alfabetos. Era por tanto natural que los griegos llamaran al lugar «Biblos» y siglos más tarde, al inventarse el códice (un libro con páginas dobladas en forma de acordeón), persistió el término y llegó a significar «libro». Nuestra palabra «Biblia» significa simplemente un «libro».

«Escritura»

«Escritura», «Escrituras» o «Sagradas Escrituras» son términos que los escritores del Nuevo Testamento emplean para referirse al Antiguo Testamento o a cualquier parte del mismo.

Por «Escrituras», querían decir «Escrituras Divinas». Pablo habla de «Sagradas Escrituras» en 2 Timoteo 3.15 y en el versículo 16 emplea el término «la Escritura». La expresión «las Escrituras» se emplea en Mateo 21.42; Lucas 24.32; Juan 5.39; Hechos 18.24.

La expresión singular «la Escritura» usualmente se refiere a un determinado pasaje del Antiguo Testamento más que al Antiguo Testamento en su conjunto (Marcos 12.10; Lucas 4.21; Santiago 2.8). En 2 Pedro 3.16 se llama «Escrituras» a las epístolas de Pablo y probablemente a los evangelios; de modo que tenemos precedentes de peso para emplear tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento en nuestras Escrituras cristianas. Pero no todos los cristianos tienen el mismo contenido en sus Escrituras. (Véase «El canon» en otra parte de este capítulo).

«Testamento»

En lenguaje corriente «testamento» es la última voluntad de una persona, en la que ésta dispone de sus bienes para el momento de su muerte. Pero no es ese el sentido que tiene en la Biblia, en la cual significa «pacto» o convenio. Sería más apropiado hablar de Antiguo Pacto y Nuevo Pacto, pero la tradición (a partir de Tertuliano) desde hace mucho ha establecido el empleo de la palabra «Testamento».

La idea de un «pacto» se remonta a Moisés en el Sinaí (Éxodo 24.3-8), y aun antes de Moisés, a Abraham (hasta hay más antiguos indicios del Pacto, Génesis 6.18, por ejemplo) cuando Dios hizo una promesa a su pueblo elegido. Al hacer aquella promesa o pacto, Dios se colocó en una especial relación con su pueblo: en una relación salvadora o redentora. El Antiguo Testamento narra la historia de cómo aquella especial relación ha funcionado en la historia. Pero los judíos preveían y esperaban un Nuevo Pacto, y en él ponían su esperanza; Jeremías (31.31-34) predijo aquel Nuevo Pacto (véanse las palabras de Jesús en Mateo 26.28). Que el Nuevo Pacto en realidad se produjo, lo demuestra el propio Jesús al decir: «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre» (1 Corintios 11.25). No es sorprendente que Pablo mencione el Antiguo Pacto (2 Corintios 3.14) y el Nuevo (2 Corintios 3.6). Y el autor de la Epístola a los Hebreos hace de la distinción entre los Pactos, uno de sus grandes temas (Hebreos 8.13, etcétera).Antiguo Testamento: Divisiones

Hay tres divisiones en el Antiguo Testamento hebreo: Ley, Profetas y Escrituras. Esta división triple se refleja en pasajes del Nuevo Testamento como Mateo 5.17, Lucas 16.29 y Lucas 24.44.

Tradicionalmente la Biblia hebrea contenía solamente veinticuatro libros distribuidos así:

Estos veinticuatro libros de la Biblia hebrea corresponden a los treinta y nueve de nuestro Antiguo Testamento. El número se altera principalmente al dividir los profetas menores en doce libros separados y al dividir (en dos cada uno) Samuel, Reyes y Crónicas. Esdras-Nehemías también se separan en dos libros. En la Biblia griega (Septuaginta), el Antiguo Testamento tiene una división diferente, determinada por similitud de temas. Así:

Este es el orden que generalmente siguen la Bilia latina y nuestras Biblias Evangélicas. (Véase «Canón» en otra parte de este capítulo.) Por cierto, este orden es más cronológico que el de la Biblia hebrea (por ejemplo, Rut viene después de Jueces).

Nuevo Testamento: Divisiones

El tamaño del Nuevo Testamento es sólo un tercio del Antiguo. Su división general es como sigue:

EVANGELIOS   HISTORIA        EPÍSTOLAS     APOCALIPSIS

Este bosquejo no corresponde al orden en que se escribieron los libros; de haber sido así, las epístolas aparecerían primero (Santiago o Gálatas), y Marcos sería el primer evangelio. Segunda de Pedro sería el último libro en vez de Apocalipsis. Se ordenaron según un principio diferente, no según la fecha de escritura. Los evangelios están primeros porque nos presentan al Fundador de nuestra religión; Él es el comienzo del relato. Mateo es el primer evangelio porque es el más judío y muestra cómo en Jesús se cumplió el Antiguo Testamento; de modo que Mateo constituye un puente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Hechos viene después de los evangelios porque continúa la historia hasta treinta años después de la muerte y resurrección de Jesús. Las Epístolas de Pablo están ordenadas en general según su extensión, la más larga, primero, la más breve, última. (Una ampliación sobre el ordenamiento de las cartas de Pablo puede verse en el capítulo «El Nuevo Testamento libro por libro».) El Apocalipsis concluye el Nuevo Pacto porque lanza la nota de esperanza y consumación de Pablo están ordenadas en general según su extensión, la más larga, primero, la más breve, última. (Una ampliación sobre el ordenamiento de las cartas de Pablo puede verse en el capítulo «El Nuevo Testamento libro por libro».) El Apocalipsis concluye el Nuevo Pacto porque lanza la nota de esperanza y consumación en el Día Final. Hebreos y las epístolas católicas (universales) amplían y fortalecen la doctrina del Nuevo Testamento, y fueron añadidas también por aplicaciones prácticas de la doctrina. El todo en cnjunto tiene este aspecto:

Antiguo y Nuevo Testamentos juntos

Es significativo que desde muy al principio de la historia cristiana los veintisiete libros del Nuevo Testamento aparezcan unidos a las Escrituras hebreas. Esto suministró más ricos y amplios recursos para la adoración y para la defensa del Evangelio cristiano. Además, el Antiguo Testamento era reconocido como preparación para el Nuevo (Hebreos 1.1-2). Es por ello que la Biblia de los apóstoles, así como la de su círculo de predicadores del Evangelio y demás colaboradores, era en realidad el Antiguo Testamento, al que llamaban «las Escrituras». El Antiguo Testamento contenía el camino de la salvación la venida del Mesías (obsérvense las palabras de Pablo en Romanos 3.21 y 2 Timoteo 3.15). Y, lo que es más importante, el propio Cristo empleó el Antiguo Testamento; y en virtud de su autorizado ejemplo, el círculo apostólico también lo empleó.

Escuchemos lo que en sus Laws of Ecclesiastical Polity dice Richard Hooker:

El fin general del Antiguo y el Nuevo (Testamento) es uno, y la diferencia entre ambos se reduce a esto: El Antiguo Testamento daba sabiduría enseñando la salvación mediante el Cristo que había de venir; el Nuevo, enseñando que Cristo el Salvador vino.

De modo que el Nuevo es el cumplimiento del Antiguo. El Antiguo es lo que Dios hizo en el pasado; el Nuevo, lo que Él dramatiza en un Hijo.

El Nuevo en el Antiguo ya se implica; El Antiguo en el Nuevo bien se explica. El Nuevo en el Antiguo es verdad rara; El Antiguo en el Nuevo ya se aclara.

Idioma de los Testamentos

El Antiguo Testamento se escribió originalmente en hebreo, pues era el idioma en que se expresaba literariamente el pueblo hebreo, la nación llamada Israel. Hay que saber, sin embargo, que Daniel 2.4b -7.21 y Esdras 4.8-6: 18; 7.12-26 y Jeremías 10.11 están escritos en arameo, idioma emparentado con el hebreo y parte de la familia de lenguas semíticas (árabe, asirio, babilonio, cananeo).El Nuevo Testamento se escribió en griego, aunque parte del mismo primeramente fue hablado en arameo, idioma cotidiano de Jesús y sus discípulos.

Épocas que abarcan

Las Escrituras hebreas; se produjeron durante un período que abarca más de mil años, pero el Nuevo Testamento se escribió durante el primer siglo D.C., durante la segunda mitad del siglo. La historia del Antiguo Testamento se remonta hasta los albores de la humanidad y la historia divina. La arqueología ha demostrado la validez de la historia del Antiguo Testamento en un grado que hace apenas una o dos generaciones no se esperaba; y la civilización antigua de los hebreos y la del cercano oriente pueden estudiarse juntas, ya que las dos se desarrollaron por la misma época. En cuanto al Nuevo Testamento, las primeras epístolas de Pablo, añadiéndoles quizá Judas, se escribieron en un lapso de diez o doce años (del 48 D.C. al 60 D.C.); los cuatro evangelios y la mayoría de los demás libros del Nuevo Testamento se terminaron entre 60 y 100 D.C.

Variedad

La Biblia es el producto de una notable variedad. Los aspectos sociales, económicos, políticos y religiosos de la vida se hallan en ella presentes. Varían su geografía y su gente. El rico y el pobre, el libre y el siervo, el hombre urbano y el campesino, el culto y el ignorante, desfilan por las páginas de los Testamentos. Desiertos y ciudades, montañas y valles, ríos y mares son partes también del escenario bíblico. Así como hay variedad de ambientes en la Biblia, hay también en ella variedad de expresiones literarias. La mayoría escribió en prosa, pero algunos en poesías, y otros en prosa y en verso. Dentro de esta doble división de prosa y verso hay formas literarias como historia, leyes, parábolas, adivinanzas, biografía,sermones, proverbios e historias de amor. La historia de la redención se narra de suficientes maneras para apelar a los diversos temperamentos, antecedentes y personalidades de cada generación en toda parte del mundo.

Samuel Chadwick dijo cierta vez, «La Biblia es un milagro de variedad. En ella encontramos toda clase de literatura, toda forma de humanidad, toda variedad de temperamentos, toda necesidad humana, toda dote de sabiduría y gracia». «Es apta», decía, «para toda circunstancia y toda necesidad del hombre».

El tiempo

El tiempo, la historia o lo que podríamos llamar trasfondo histórico debe comprenderse para interpretar correctamente la Biblia. Entre los pueblos antiguos, los hebreos eran los que tenían el más agudo sentido de la historia; y lo eran porque Dios se reveló en sus actos y palabras por medio de la historia. No debe conocerse únicamente la historia de sus actos salvadores, sino también el ambiente en que dichos actos salvadores ocurrieron. Los acontecimientos de la Biblia tuvieron por centro el área geográfica que se extiende desde Egipto hacia el norte por Palestina, Babilonia y Asiria, hasta el Asia Menor y finalmente Europa. Puesto que los acontecimientos de la Biblia ocurrieron en un período de varios millares de años, han de observarse cuidadosamente los movimientos históricos de este gran período.

Si no se reconocen estos movimientos y cambios, el intérprete se encuentra en la torpe posición de evaluar los moldes de conducta del primitivo canaaneo por las elevadas norrnas morales de Jesús. Razonando de igual modo, es absolutamente esencial que en nuestro día tomemos de la Biblia las enseñanzas, de ejemplo o de palabra, que tienen aplicación para nosotros, en nuestra circunstancia moderna.

El lugar

Si el factor tiempo tiene que ver con el trasfondo histórico, el factor lugar tiene que ver con el trasfondo geográfico. Es un hecho reconocido que la posición climática y geográfica influyen en la cultura de un pueblo. En Egipto, donde hace mucho calor y rara vez llueve, la gente es lenta y necesita dormir mucho. Generalmente en climas frescos, por el contrario, la gente tiene movimientos más rápidos y es más progresiva en cuanto a eliminar la suciedad y la enfermedad. Algunas de las leyes del Pentateuco tienen definida relación con las cálidas condiciones climáticas del Cercano y Medio Oriente. Por ejemplo, la prohibición de comer cerdo era buena, porque dicha carne se descomponía rápidamente sin refrigeración. A la luz de este hecho sería injusto interpretar los actos de los antiguos hebreos como ignorancia simplemente porque podemos hoy día conservar y comer esta carne.

La situación

¿Cuáles eran las verdaderas condiciones de vida de los antiguos hebreos, o de los más recientes judíos en tiempos del Nuevo Testamento? Para comprender a estos pueblos antiguos en su vida cotidiana y ponernos en su lugar es esencial que observemos minuciosamente sus costumbres y modo de vivir. Es un hecho nuestra tendencia a formarnos imágenes; por lo tanto, nos formamos un cuadro más exacto de la Biblia si visitamos, por así decirlo, los pueblos bíblicos. Afortunadamente esto es posible mediante la abundancia de datos disponibles sobre vestido, relaciones y costumbres bíblicos. Además, los diccionarios bíblicos y libros similares de consulta suministran ilustraciones gráficas mediante cuadros y la palabra escrita. Actualmente los eruditos obtienen muchos de sus datos del trabajo de los arqueólogos que están excavando los restos de las civilizaciones de tiempos bíblicos.

Ver la Biblia como un todo

G. Campbell Morgan, al enunciar el principio contextual de interpretación bíblica, insistía en que era absolutamente necesario considerar cada libro de la Biblia y hasta cada capítulo y pasaje, a la luz de la Biblia entera. A veces se expresa de este modo: El mejor intérprete de la Biblia es la Biblia misma. He aquí un ejemplo exagerado: La Biblia dice, «No hay Dios» (Salmo 14.1). Así dice al pie de la letra. Pero proclamar que la Biblia enseña el ateísmo sería de lo más irresponsable y falto de honradez.

Tenemos que leer la afirmación, «No hay Dios», en su contexto completo, y entonces leemos: «Dice el necio en su corazón: No hay Dios». Pero en la interpretación de este texto hay que ir más allá del contexto inmediato. Hay que considerar el resto de la Biblia. La Biblia comienza con Dios (Génesis 1.1) y termina con Dios (Apocalipsis 22.21), y entre uno y otro extremos casi cada línea palpita con la enseñanza de que hay un Dios viviente.

La interpretación bíblica y el Espíritu Santo

El gran Iluminador es el Espíritu Santo. Es él —según nos lo dicen la Escritura (Juan 14.26), la historia y la experiencia— el que nos interpreta la Biblia. Tenemos que emplear el principio contextual en todos los aspectos que detallamos anteriormente, pues el Espíritu Santo se vale de esos «medios» naturales para hacernos conocer la Biblia, y hasta nos la da a conocer en una dimensión más profunda aún. Es probable que el conocimiento de la geografía, la historia o la arqueología no hagan comprender y mucho menos experimentar el Nuevo Nacimiento, por ejemplo. Se requiere el poder convincente e iluminador del Espíritu de Dios para poner al desnudo la realidad de nuestro pecado e indignidad, y mostrarnos la anonadante verdad de que hay un Dios ansioso por atraer hacia sí al pecador. Las grandes verdades espirituales de la Escritura las revela el Espíritu Santo mismo.

Escuelas de interpretación

Para que el intérprete logre ver cada porción de la Escritura en relación con el conjunto, tiene que haber un principio orientador. Dicha regla ha variado de época a época, de grupo a grupo y de persona a persona. A continuación, bosquejamos algunos principios orientadores y escuelas de interpretación.

  • Escuela alegórica

El principio alegórico se empleó en tiempos antiguos, y hoy día algunos se valen de él en una u otra forma. Alejandría, en Egipto, fue el centro de esta escuela de interpretación usada por hombres como Filón, Clemente y Orígenes. La alegoría consiste en describir una cosa representándola con otra. Se creía que esta espiritualización del contenido bíblico hacía que uno penetrara en la mente misma del Espíritu Santo; y que, además, así se cubrían las supuestas dificultades éticas del Antiguo Testamento (por ejemplo, la orden divina de matar a los madianitas). La verdad es que la alegoría no hacía ni una cosa ni otra. En la Edad Media, así como hoy día lo hacen algunos, ciertas doctrinas se «sacaban» de narraciones sencillas, o se introducían en las mismas. La alegoría es espuria precisamente porque no logra revelar la verdad que da fe de sí misma, sino que mediante su sutil y «piadosa» máscara hace que se sospeche de quien la emplea, si no de la Escritura misma.

  • Escuela legalista

Esta escuela realmente tuvo seguidores desde muchísimo antes del día actual. Pablo luchó con los legalistas (Hechos 15 y la Epístola a los Gálatas) que insistían en guardar ciertos aspectos de la ley judaica a pesar del nuevo clima gentil y de la cambiada actitud en la vida cristiana. En la Edad Media surgió una escuela de «moralistas» que de ciertos pasajes bíblicos procuraban deducir los sistemas morales que les agradaban. Igual actitud persiste hoy día en ciertos círculos, que dan por propósito principal a la interpretación bíblica «descubrir otro argumento» para apoyar determinado punto de vista sobre conducta, menospreciando casi por completo el aspecto doctrinal o teológico de la Escritura. Lo contrario también puede ocurrir, en cuyo caso se interpretan las Escrituras para satisfacer la propia tesis doctrinal, desentendiéndose casi por completo de la práctica y la ética. A menudo esta actitud legalista de interpretación va de la mano de cierto manejo de la letra escritural, mediante el cual un «texto-demostración» se emplea para probar una tesis sobre determinado tema. Suelen valerse de este truco las sectas seudocristianas.

  • Escuela reformada

Los reformadores protestantes del siglo XVI conciliaron dos formas de enfoque a la interpretación bíblica: el sentido recto o «evidente» de la Escritura, y la exégesis histórico-gramatical. Alegaban que cualquier cosa parecida a la interpretación alegórica era un intento de ocultar el sentido intencional de la Escritura, y en tal caso era espurio. Los reformadores tronaron contra esto y contra cualesquiera otros métodos que impidieran a las Escrituras «hablar por sí mismas». En cuanto a gramática, el argumento es que el simple análisis gramatical ayuda a comprender el significado llano de oraciones sencillas y aun de algunas no tan sencillas. Lo «histórico» se refiere a lo que las Escrituras significaban en su contexto histórico. Los reformadores también usaban la abundancia de comentarios que el pasado nos ha legado. Se preguntaban, «¿Qué han expresado los grandes intelectos del pasado respecto a la Biblia?» Los reformadores se interesaban especialmente en lo dicho por los Padres de la Iglesia (Agustín, Jerónimo, etc.). «Exégesis» significa extraer de la Escritura lo que realmente contiene; el término contrario es «eiségesis», hacer decir al texto lo que a uno le agradaría que dijera. No siempre lograron los reformadores evitar la «eiségesis», pues cada uno da a la Biblia el matiz de su propio modo de ver y del ambiente que lo rodea; pero puede asegurarse con certidumbre que hicieron más que la mayoría de las personas hasta aquellos días por dejar que la Biblia hablara por sí misma.

  • Escuela tipológica

Esta escuela de interpretación también es antigua y actual al mismo tiempo. Los tipologistas, por ejemplo, ven un «tipo» o símbolo de Cristo en José, en el Antiguo Testamento, en el intento de sacrificar a Isaac, en Moisés y Josué como libertadores. Tienen cierta razón; pero José, Isaac, Moisés y otros han de tomarse como ilustraciones y sugerencias, y de ningún modo tomarlos al pie de la letra como «tipos» de Cristo. La persona de Cristo no es lo único de que se ocupan los tipologistas, pero el ejemplo anterior ilustra su método.

Cristo mismo, principio orientador

Algunas escuelas de interpretación son más dignas de alabar que otras. La escuela alegórica tiene un barrunto de verdad; los reformadores tuvieron tanto éxito en lo que iniciaron, que la mayoría de los eruditos actuales, por lo menos los protestantes, siguen adelante con su método y lo amplían. Lo bueno de la escuela legalista es su apego a la verdad; los tipologistas tienen razón en cuanto a que en verdad hay en el Antiguo Testamento prefiguraciones de Cristo y su obra. Pero a fin de cuentas lo que tenemos que hacer es enfrentarnos al Verbo definitivo, el Cristo, mediante el cual Dios habló y continúa hablando. Este mismo Hijo de Dios, este Jesús de Nazaret, este Cristo, el Mesías, tiene que ser el centro de nuestra interpretación de las Escrituras.

¿Qué significa esto? Primero, significa que debemos observar cómo manejaba el propio Cristo las Escrituras. ¿Cómo empleaba el Antiguo Testamento? Para Él, el Antiguo Testamento predecía su advenimiento. En lo relativo a doctrina, no debemos lanzarnos adelante con el ímpetu de la carne a formular nuestra propia teología; debemos preguntar qué creía Jesús, y dejar que Él sea el Gran Árbitro respecto a nuestra tesis. En cuanto a ética, la vida y ejemplo de Jesús constituyen el perfecto cuadro para la conducta humana.

Desde luego, no es tan sencillo como suena; en la mente de los hombres existen cuadros contradictorios respecto a Cristo, pero en este punto tenemos a nuestra disposición el Espíritu de Dios para que nos lleve a más verdaderos y profundos significados, y nos ayude a separar lo real de lo falso en cada caso individual. Si pudiera expresarse mediante un diagrama este método de interpretación, pondríamos a Cristo en el centro del círculo. Los rayos de la rueda convergen en Él, corte suprema de apelaciones, y la circunferencia de la rueda sería el Espíritu Santo que da equilibrio al todo.