Lección 3 – La inerrancia de la Escritura

Junto con afirmar la infalibilidad de la Biblia, la teología reformada describe a la Biblia diciendo que es inerrante. La infalibilidad significa que no puede contener error mientras que la inerrancia afirma que no contiene error. La infalibilidad alude al potencial; describe algo que no puede ocurrir. La inerrancia describe el potencial realizado, lo que es.

Por ejemplo, yo podría obtener 100% en un examen de ortografía. En esa limitada experiencia yo sería «inerrante». No cometí ningún error en el examen. Eso no significa que se puede llegar a la conclusión de que, por lo tanto, soy infalible. Los seres humanos, susceptibles a errar, no siempre yerran. Una persona infalible nunca erraría porque dicha infalibilidad simplemente impide la sola posibilidad de error.

En los últimos años algunos eruditos han escogido afirmar que la Biblia es infalible pero no inerrante. Esto causa una confusión no menor. Como hemos visto,  infalible es el más fuerte de los dos términos.

¿Por qué entonces habrán preferido la palabra infalible estos eruditos? La respuesta probablemente se encuentra en el campo de las emociones. El término inerrancia es mal visto en ciertos círculos académicos. Está encargado de nociones peyorativas. A menudo se asocia el término con algunos tipos de fundamentalismo carentes de erudición Por otro lado el término infalibilidad tiene una historia de pedigrí académico, especialmente entre eruditos católicos romanos. Algunos rechazan el concepto católico romano de infalibilidad, pero no se lo asocia con teología retrógrada. Los jesuítas, por ejemplo, no son víctimas de ser considerados eruditos sin sofisticación. Para evitar la culpa por asociación con círculos anti-intelectuales, algunos se han distanciado del término inerrancia y se han refugiado en el término infalibilidad. Si durante el proceso se redefine infalibilidad para que signifique algo inferior a inerrancia, entonces tal cambio es una evasiva deshonesta.

Si bien ambos términos, inerrancia e infalibilidad, han sido integrales en la teología reformada histórica, la controversia moderna acerca de la confiabilidad de la Biblia ha llevado a algunos a plantear que el concepto de inerrancia en realidad no era algo que los maestros de la Reforma plantearan. Más bien, dirán, se originó entre teólogos escolásticos o racionalistas del siglo XVII. Aunque es correcto decir que el término inerrancia entró en uso más tarde, en absoluto es correcto afirmar que el concepto estuviera ausente en las obras de los reformadores del siglo XVI. Debemos poner atención a algunas afirmaciones de Lutero:

El Espíritu Santo mismo y Dios, el creador de todas las cosas, es el autor de este libro. La Escritura, aunque escrita por hombres, no proviene de hombres sino de Dios. Aquel que no lea estos relatos en vano debe afirmar con seguridad que la Santa Escritura no es sabiduría humana sino divina. La palabra de Dios permanece pues no puede mentir; y el cielo y la tierra pasarán antes de que la más insignificante letra o titulo de su palabra quede sin cumplir. No nos gloriaremos en nada excepto la Santa Escritura, y estamos seguros de que el Espíritu Santo no puede oponerse ni contradecirse a Sí mismo. San Agustín dice en la carta a San Jerónimo… «He aprendido que sólo debo considerar la Santa Escritura como inerrante». En los libros de San Agustín uno encuentra muchos pasajes que son dichos por sangre y carne. En cuanto a mí mismo también debo confesar que cuando hablo aparte de mi ministerio, en casa, sentado a la mesa, o en cualquier otro lugar, digo muchas palabras que no son la Palabra de Dios. Por eso es que San Agustín, escribiendo a San Jerónimo, ha establecido un valioso principio, que solo la santa Escritura debe considerarse inerrante.

Queda claro que el concepto de inerrancia no es una invención posterior. Está presente en al antigüedad a través de hombres como San Agustín e Irineo. Lutero claramente aprueba la opinión de Agustín. Encontramos el mismo grado de aprobación en los escritos de Calvino.

Claro está, la inerrancia y la infalibilidad no se aplican a las copias o traducciones de la Escritura. La teología reformada restringe la inerrancia a los manuscritos originales de la Biblia o autógrafos. Los autógrafos, es decir, las primeras obras de los escritores de la Biblia, no están disponibles en le presente.

Por esta razón, muchos se burlan de la doctrina de la inerrancia diciendo que es un punto irrelevante ya que no se puede verificar su verdad o falsedad dado que no teneos acceso a los manuscritos originales. Tal crítica malentiende el punto completamente. No defendemos la inspiración de los copistas o traductores. La preocupación central de la doctrina de la inerrancia es la revelación original. Aunque no poseemos los autógrafos como tal, sí podemos reconstruirlos con notable precisión. La ciencia de la crítica textual demuestra que los textos existentes son notablemente puros y altamente confiables.

Imaginemos que la vara de medición estándar que está guardada en la Oficina Nacional de Normalización (National Bureau of Standards) se perdiera producto de un incendio. ¿Significaría eso que ya no podríamos determinar el largo de un metro o un pie sin exactitud? Puesto que hay multitud de copias disponibles podrías construir la medida original con perfecta precisión. Restringir la inerrancia a los documentos originales equivale a poner atención a la fuente de la revelación bíblica, es decir, las personas que fueron inspiradas por Dios para recibir esta revelación y escribirla.

La teología reformada no hace defensa de la infalibilidad de las traducciones. Los que leemos, interpretamos o traducimos la Biblia somos falibles. La Iglesia Católica Romana añade otro elemento de infalibilidad al aseverar que la interpretación de la iglesia hace de la Escritura, especialmente cunado el Papa habla ex cathedra («desde el sillón» de San Pedro) es infalible. Aunque esto añade otra capa de infalibilidad, a cada persona católica romana aún le queda la tarea de interpretar la interpretación infalible de la Biblia infalible, y en eso pueden ser falibles. Mientras que los protestantes se enfrentan a la interpretación falible de la interpretación falible que la iglesia hace de la Biblia infalible, los católicos asumen un doble nivel de infalibilidad.

Si dos personas leen la misma porción de la Escritura y no están de acuerdo con su significado. Uno o ambos está entendiendo mal el texto.

Si alguien está convencido de que el texto original es falible, entonces no sentirá ninguna obligación moral de obedecer.